;

viernes, 29 de mayo de 2009

Abuso y Maltrato Infantil: Entrevista psicólogica

Hoy vamos a tocar el tema de abuso y maltrato infantil y como es el abordaje desde la primera entrevista psicológica, como sabemos la entrevista psicológica es la herramienta fundamental con la que cuenta el psicólogo.

Lejos de ser una indagatoria, la entrevista psicológica pretende acercarse del modo más contenedor posible al problema que sufre una persona, en este caso, un niño, facilitándole desde nuestro especial modo de abordaje, que pueda comunicarnos la naturaleza de su sufrimiento y relato de los hechos que lo motivaron.

Aunque parezca obvio hay que aclarar lo fundamental que resulta el hecho de que el entrevistador conozca las capacidades y limitaciones del niño para conducir la entrevista de tal modo que pueda recabar la información que se requiere de él, teniendo en cuenta, muy especialmente, el momento del desarrollo evolutivo en que se encuentra. Con esto nos referimos a su nivel de pensamiento: intuitivo, concreto o formal, a su capacidad de memoria y a su ubicación témporo – espacial.

Para ello debemos conocer el desarrollo evolutivo de los niños, sus posibilidades y sus limitaciones, tanto para comprender como para expresarse.

Somos nosotros los que debemos adecuarnos a ellos y no tratar de forzarlos a contestar cuestionarios que no terminan de entender o los sumen en un estado de angustia.

La misma pregunta reformulada en un lenguaje semejante al utilizado por el niño, según su edad, y atendiendo al especial estado afectivo por el que atraviesa, seguramente arrojará resultados más certeros y contribuirá a un mejor clima emocional en la entrevista.

Antes de adentrarnos en recomendaciones técnicas sobre cómo llevar a cabo esta entrevista, deseamos advertir sobre un hecho preocupante que comienza a observarse en nuestro medio.

Dado el auge que ha tomado el tema del abuso sexual infantil y, especialmente, la difusión y exposición de relatos de víctimas en los medios de comunicación masiva, creemos que es fundamental que el niño no haya sido expuesto con anterioridad a información errónea fuera del ambiente formal de la entrevista. Muchos niños escuchan otros relatos, de su caso o de otras situaciones que pueden confundir o distorsionar su propio recuerdo.

Con las mejores intenciones, a veces, algunas personas allegadas al niño realizan su propia indagatoria forzando a éste a que relate detalles o agregue comentarios, o, peor aún; hacen interpretaciones de hechos que no ayudan, es más pueden entorpecer el proceso de recuerdo y elaboración del trauma.

Esto se agrava cuando el niño es muy pequeño y le cuesta aún más elaborar un relato fiel de lo ocurrido, cuando el hecho toma, por sus características, estado público (cuando el abuso es extra familiar y hay más niños implicados) y por supuesto, resulta devastador cuando ninguno de los padres utiliza al niño en una batalla legal por la tenencia en casos de divorcio controvertido.

Lejos de pretender colaborar en el ocultamiento de las situaciones de abuso infantil, creemos que por el bien del niño, no hay que sobreexponerlo, sino, ante la duda, consultar inmediatamente a un equipo especializado que sepa encarar esta problemática de la manera menos traumática y más segura, tanto para él como para su familia. En el proceso de recuerdo y elaboración del daño sufrido en estos niños hay que considerar no sólo las características propias de las funciones de la atención y de la memoria infantil que varían según la edad, sino también justamente, la naturaleza traumática del hecho sobre el que tienen que testificar. Estos hechos ponen en marcha mecanismos defensivos tales como la disociación y la negación los cuales interfieren en el recuerdo y en el relato mismo.

Sabemos que, en líneas generales, la atención se concentra en momentos de estrés. Sin embargo, cuando el estrés intenso se convierte en estrés traumático, la persona se siente totalmente desbordada, no puede procesar información de manera narrativa, produciéndose una disociación de la memoria. La misma se ubica en compartimentos que no logran integrase en los esquemas existentes.

Ahora bien, aún cuando la disociación se produce durante la experiencia traumática, la persona la codifica y, aunque actúe posteriormente la represión y la aleje de la conciencia, es posible recuperar la memoria un momento posterior.

En los niños, la no integración dela información traumática en las estructuras existentes del pensamiento constituye el desorden de estrés postraumático. Tal desorden impacta negativamente en la capacidad de atención y procesamiento de la información. El niño presenta problemas generalizados de atención y distractibilidad, adoptando, comúnmente la forma de desorden de hiperactividad y déficit de atención. Sabemos por estudios anteriores realizados en el área de la psicopedagogía cuánta energía necesita el niño para procesar estos hechos traumáticos y cómo lo vivido invade su pensamiento restándole el tiempo y la energía que necesita para el aprendizaje diario y escolar. De esta manera estos niños se presentan como "sin recursos" en la escuela sin embargo lo que sucede es que su pensamiento está abocado a resolver el hecho traumático.

Los malos tratos suelen tener efectos cognitivos negativos en el niño. El niño se siente culpable y/o avergonzado, lo que puede contribuir a una desorganización de su memoria.

Por otra parte, aún cuando la memoria del niño sea buena, su testimonio puede verse frustrado por las limitaciones en la capacidad para comunicarse.

Puede ocurrir que el niño no haya comprendido las preguntas formuladas o el adulto haya interpretado mal sus respuestas.

Una vez más se hace imprescindible conocer el desarrollo evolutivo del niño para adecuar las preguntas, como decíamos anteriormente, a su capacidad de comunicación y adaptarse a su vocabulario. Debemos tener en cuenta, por ejemplo, si el niño está en condiciones de comprender los términos temporales tales como hoy, mañana, ayer, antes, después, si puede entender frases con más de una pregunta simultánea, o preguntas que incluyen-una negación, etc.

Criterios a tener en cuenta en la elaboración:
En el trabajo pericial se comienza con una entrevista a los adultos que realizan la denuncia, generalmente miembros de la familia o del entorno familiar del niño.

En dicha entrevista el evaluador debe tener en cuenta si en el relato del adulto aparecen indicadores asociados al maltrato infantil, si han detectado, por ejemplo, cambios en el comportamiento del niño, problemas emocionales, dificultades escolares, problemas físicos, si les preocupan ciertas actitudes o comentarios espontáneos del mismo, o sea, atender a todo aquello que haga sospechar acerca de la posibilidad del maltrato.

La entrevista con adultos puede registrar diferente motivación: a veces los adultos se presentan sólo con la sospecha, otras veces el relato aparece teñido de deseo de castigar al culpable sobre el cual hay certeza. La actitud beligerante o invasiva del denunciante puede poner en riesgo la neutralidad del evaluador cuando éste no logra tomar distancia y se alía, aún inconscientemente con él, con lo cual pone en peligro ya desde el comienzo, la objetividad del proceso pericial.

El clima emocional en el cual se realizan estas entrevistas es sumamente movilizador y. el profesional debe estar alerta y capacitado para manejar los efectos transferenciales, ser cauteloso en sus comentarios y centrarse en la búsqueda de indicadores asociados al trauma en el niño y no en la investigación de la veracidad de quien relata los hechos.

Si bien puede resultar angustiante saber que de la evaluación pericial depende la seguridad del niño se debe evitar cualquier apresuramiento que no permita considerar todos los indicadores absteniéndose de emitir cualquier juicio de valor.

El objetivo es como decíamos antes, que el niño pueda ser entrevistado de la manera más idónea y menos traumática para él.

Recordemos que estos niños, y, en especial, aquellos muy pequeños o muy dañados, serán muy renuentes a hablar sobre estos temas con un desconocido y en un ambiente extraño.

Por eso, una sóla sesión es impensable...debemos ir poco a poco, ganando la confianza del niño, para acercarlos cada vez más a los puntos traumáticos sobre los que deberá testificar Sólo un profesional especializado en el tema del Maltrato Infantil, sabe cómo abordar a un niño dañado por un trauma de estas características que debe enfrentar la crisis que provoca tal desvelamiento.

El miedo, la vergüenza, la culpa pueden paralizar a un niño llevarlo a retractarse. De modo que, en todo momento debe sentirse a salvo y contar con la confianza de que quien lo escucha sabe cómo hacerlo.

La presencia de los padres no sólo puede inhibir a un niño, sino que puede perjudicar la observación de su conducta durante la entrevista. En ocasiones los padres o quien denuncia motivado por su propia ansiedad, pone palabras en el niño o lo fuerza a contar hechos que aún no ''fueron ni mencionados por el menor.

'No olvidemos que, de lo que se trata, en este momento, es de lograr registrar el relato del niño y observar los indicadores emocionales y de comportamiento presentes en la entrevista asociados con el perfil del niño maltratado.

Estos indicadores emocionales y, también, por las limitaciones que presentan, en especial los niños pequeños, para prestar atención. y concentrarse, que la entrevista no puede ser muy larga y debe ser interrumpida cuando el niño muestra signos de cansancio, angustia, o cuando lo requiera por él mismo.

En posteriores artículos hablaremos de los pasos que se deben tener en cuenta en la entrevista psicológica y la importancia de ellos.


Esperamos que la información sea de gran ayuda y de esta manera respondiendo a las dudas de nuestros lectores. Un saludo afectuoso VISION PSICOLOGICA

miércoles, 27 de mayo de 2009

Los Caracteres De Naranjo

Debemos tener en cuenta al doctor Claudio Naranjo quien es psiquiatra, psicoterapeuta gestáltico y educador Chileno, quien nos habla de los caracteres o tipos de humanos, diferenciándolos de patologías o desordenes de la personalidad, ya que se puede decir que los cuadros anormales que describen los psicólogos y psiquiatras corresponden sólo a la manifestación mas acentuada de ciertos tipos de humanos. Estos caracteres son delimitados de la siguiente manera:

El carácter iracundo.- No necesariamente tiene que relacionársele a la persona violenta, para entenderlo de mejor forma es importante mencionar el “resentimiento” tipificados en estas personas como una ira sorda, tipificándolo según un determinado diagnostico el mas acertado seria el de trastorno obsesivo de la personalidad. Son individuos que se preocupan excesivamente por detalles, las reglas, el orden, etc.

El carácter orgulloso.- Su personalidad corresponde con lo que se entiende por trastorno histriónico; sus características mas resaltantes son luna alta emocionalidad y un deseo de llamar la atención. Los histriónicos son individuos vivaces y dramáticos; encantan a los desconocidos por su entusiasmo y aparente apertura y coquetería. Así mismo también estos individuos suelen exhibir una expresión emocional de tipo superficial y poco estable.

El carácter vanidoso.- Es un elemento con gran capacidad de seducción, eminentemente plástico, en el sentido de que muestra claras connotaciones de artificiosidad, carencia de naturalidad y temperamento vació. Podría decirse que ofrece una personalidad a la moda, tratando de emular los modelos más superficiales del momento.

El carácter envidioso.- Naranjo considera a su equivalente al masoquista, trata de exagerar el sufrimiento y de ponerse en situaciones de victima para así justificar mejor sus demandas de afecto, control y respeto.

El carácter avaro.- Se encuentra la similitud con el trastorno esquizoide de la personalidad, son individuos que rehuyen las relaciones sociales y tratan de limitar la expresión de sus emociones refugiándose en un mundo solitario. Por lo general dan la impresión de ser fríos, distantes, indiferentes a la alabanza o a la crítica que provengan de los demás. Carecen de interés por experiencias sexuales y suelen obtener muy escaso placer de cualquier tipo de actividad.

El carácter miedoso.- Naranjo afirma que una de las características de estos individuos no es el miedo sino la valentía compulsiva; Se trata de personas con carácter fuerte, combativas, que por no querer permitirse el miedo dedican mucha energía a probarse que no son cobardes. Podría incluirse aquí el carácter prusiano que muestra una ciega obediencia a las reglas, un notable fanatismo y una precisión fría.

Carácter goloso.- Este carácter se relaciona con el individuo narcisista. Son individuos que muestran una necesidad obstinada de hablar, dando un gran valor a lo que dicen. Como particularidad de este tipo de personas pondríamos mencionar su autoindulgencia y su optimismo, además de una notable capacidad para saber rentabilizar sus propios meritos.

El carácter lujurioso.- Tenemos aquí un tipo de carácter impulsivo e irresponsable, capaz de herir o maltratar a los demás, embustero, arriesgado y poco propenso a sentimientos de culpa.

El carácter indolente.- es un tipo que no aparece en el ya mencionado manual de psiquiatría americana, peor que de alguna manera se relaciona con los ciclotímicos según Kretschnmer y lo que Lowen consideraba como carácter masoquista. El aspecto más llamativo de este carácter es su combinación de perdida de interioridad y abnegación resignada que provocan así un síndrome de comodidad terrenal que puede ser entendido también como estrechez de pensamientos.

BIBLIOGRAFIA:
. Naranjo, C. (1994). Eneagrama de la sociedad. Editorial: Temas de hoy. Madrid:
. Naranjo, C. (1990). La vieja y la Novisima Gestalt. Editorial: Cuatro vientos. Santiago de Chile.

martes, 26 de mayo de 2009

Personalidad Histérica

La personalidad histérica, contemplada en el DSM-IV bajo el epígrafe de trastorno histriónico de la personalidad, recoge, exagerándolos hasta caricaturizarlos, los rasgos considerados más típicamente femeninos siendo, por tanto, un diagnóstico que se aplica casi exclusivamente a mujeres. Así, la elevada emocionalidad, manifestada en ocasiones en forma de estallidos, la inestabilidad, hipersensibilidad, sugestionabilidad, dependencia y frivolidad, junto a una marcada teatralidad y tendencia a la erotización de las relaciones sociales, son las características más prominentes.

La histérica utiliza la seducción al servicio de su necesidad de autoestima y dependencia. Aunque de forma no intencionada, interpreta continuamente un papel, "actuando" para ganarse atención y afecto y reaccionando de forma exagerada ante comentarios o acciones que, siquiera mínimamente, vulneren "su personaje". A pesar del erotismo y seducción que impregnan sus relaciones, existe una sexualidad problemática y poco satisfactoria que, en los casos más extremos, es rehuida. Además, su extroversión e impulsividad determinan que en ocasiones su conducta sea inapropiada, invadiendo con frecuencia la distancia de seguridad de las personas que la rodean. La inestabilidad emocional y cognitiva y la dependencia que la caracterizan, la convierten en fácilmente sugestionable, siempre que no se incida en aspectos nucleares de su personalidad.

Por último, su discurso, egocéntrico y trivial, se mueve siempre en un plano de superficialidad que dificulta un acercamiento verdadero y, en definitiva, el establecimiento de relaciones maduras y significativas. Todos estos rasgos de personalidad y el rechazo que producen sus intentos de manipular el ambiente, convierten a la histérica en un personaje desadaptado e infeliz bajo una máscara en apariencia brillante.

En el hombre, aunque el cuadro clínico se difumina (quejas hipocondriacas, sociopatía, etc.), los intentos de manipulación del ambiente, la desadaptación y las dificultades sexuales, se hallan también presentes. Las diferencias clínicas, posiblemente debidas a factores sociales, condicionan que el diagnóstico se sustituya con frecuencia por el de sociopatía.

EVOLUCION. PRONÓSTICO
Los trastornos disociativos y conversivos se instauran de forma aguda y, aunque pueden ser recurrentes, no suelen cronificarse. En el trastorno por somatización y personalidad histérica, por el contrario, el inicio es insidioso y el curso crónico y fluctuante, puediendo observarse mejorías momentáneas, ya sea espontáneas o inducidas por el tratamiento.

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL
Trastornos neurológicos
La escasa estabilidad del diagnóstico de histeria a lo largo del tiempo, demostrada por diferentes estudios de seguimiento, alerta sobre la necesidad de excluir un trastorno orgánico subyacente. Cuadros clínicamente similares a los histéricos han sido descritos en múltiples trastornos del SNC: epilepsia, procesos expansivos, vasculares, infecciosos, etc. El inicio en edad tardía, sin antecedentes previos de trastorno psiquiátrico, aún en presencia de síntomas atípicos, orienta hacia cuadros orgánicos.

Trastornos psiquiátricos
Depresión
Síntomas de la esfera afectiva pueden contaminar y encubrir un trastorno histérico e inversamente, cuadros depresivos presentan con cierta frecuencia apariencia histeriforme. La histeria y la depresión, de acuerdo con esta doble relación, se vinculan fundamentalmente a través de tres entidades clínicas:

- Pseudodepresión histérica. Cada vez con mayor frecuencia, quizá como consecuencia de la modulación que la aceptación social ejerce sobre la expresión de los síntomas, la histeria se presenta bajo la apariencia de un cuadro depresivo auténtico.
Las respuestas inconsistentes o paradójicas al tratamiento farmacológico, así como la observación de rasgos de personalidad histeriformes en la evolución, orientan al diagnóstico.

- Melancolía. Los cuadros depresivos melancólicos, especialmente los de inicio en edad tardía, se acompañan en ocasiones de elevada ansiedad y conductas regresivas, en apariencia histeriformes, que nada tienen que ver con la verdadera histeria y que responden favorablemente a los antidepresivos o a la terapia electroconvulsiva.

- Disforia histeroide. Este término, descrito por Klein en 1969, hace referencia a un trastorno caracterizado por rasgos histriónicos de personalidad que, de forma episódica y recortada, presentan episodios depresivos breves de características atípicas: hiperfagia (fundamentalmente a expensas de hidratos de carbono), hipersomnia, etc. Estos episodios, desencadenados muchas veces por estresores psicosociales, responden favorablemente al tratamiento con IMAOs. Así, aunque clínicamente se situan en el espectro de la histeria, su respuesta a los antidepresivos los vincula a los trastornos afectivos.

Hipocondría
La hipocondria y el trastorno por somatización comparten las quejas somáticas como elemento central en el diagnóstico. El intento de manipulación del ambiente y la indiferencia frente a los síntomas, permiten sin embargo diferenciar entre ambos trastornos. Esta concepción clásica se ha visto modificada por los sistemas de clasificación que en sus versiones actuales integran en un mismo apartado ambas figuras.

Simulación y trastorno facticio
Los límites entre histeria, trastorno facticio y simulación, aunque claros desde el punto de vista teórico, son en ocasiones difíciles de establecer clínicamente. La producción de los síntomas, involuntaria en el histérico, la distingue de ambos trastornos. La presencia de un beneficio externo claro diferente al mantenimiento del rol de enfermo, es la clave diferenciadora entre trastorno facticio y simulación.

TRATAMIENTO
Aunque el tratamiento varía según la forma clínica de que se trate, en general, la farmacoterapia, es poco útil en el abordaje de la histeria. Las mejorías, paradójicas o poco mantenidas tras la administración de psicotropos, así como la frecuencia de quejas sobre efectos secundarios, aconsejan restringir su uso a situaciones muy concretas.

En su fase aguda los trastornos disociativos y conversivos suelen responder a la sugestión. El alejamiento del medio, característicamente conflictivo para el paciente, así como la ausencia de "público", en especial familiares, pueden también contribuir a disminuir la aparatosidad de los síntomas. Pasado el periodo crítico, cuando existe un trastorno de personalidad subyacente, está indicado el tratamiento con psicoterapia de orientación dinámica.

El paciente con trastorno por somatización busca ayuda en diferentes especialidades médicas y sólo en algunos casos va a ser valorado psiquiátricamente. Este hecho y su incapacidad para conectar los síntomas con causas psíquicas, provocan grandes dificultades en el tratamiento. Así, conseguir una buena relación médico-paciente es imprescindible para interrumpir el característico peregrinar de médico en médico. Las exploraciones complementarias deben realizarse en la medida en que sea preciso descartar un trastorno somático, teniendo en cuenta que su repetición innecesaria, lejos de tranquilizar al paciente, reafirmará su convencimiento de enfermedad. La psicoterapia de apoyo, asociada al tratamiento farmacológico de los síntomas ansioso-depresivos que por su cronicidad suelen acompañar a los somáticos, parece ser la fórmula aconsejada por la mayoría de los autores.

En los trastornos por somatización, disociativo y conversivo es importante disminuir, mediante la intervención del médico sobre el ambiente, la ganancia que el paciente obtiene con el rol de enfermo en aras de evitar la cronicidad y la progresiva desadaptación sociofamiliar.

Por lo que a la personalidad histérica se refiere, aunque no exenta de dificultades, la psicoterapia es la medida terapéutica que mayores beneficios ofrece.

BIBLIOGRAFIA
. Kendell RE. A new look at hysteria. In: Hysteria. Edited by Alec Roy. John Wiley & Sons, 1982, pp 27-36.
. Shields J. Genetical studies of hysterical disorders In: Hysteria. Edited by Alec Roy. John Wiley & Sons, 1982, pp 41-56.
. Lader M. The psychophysiology of hysteria. In: Hysteria. Edited by Alec Roy. John Wiley & Sons, 1982, pp 81-88.
. Laplanche J y Pontalis JB. Diccionario de Psicoanálisis. Barcelona, Labor, 1981.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Las Emociones en el Àmbito Laboral

Las emociones constituyen parte central de las actuales indagaciones sobre la Inteligencia Emocional. En el ámbito organizacional recientemente se está otorgando el debido interés al estudio de las emociones, al considerarse que los seres humanos son una totalidad que abarca razón y emoción. Una excepción a esto, ha sido los estudios sobre el estrés y los vinculados a las actitudes, la cual incluye un componente emocional. Especialmente los psicólogos alemanes son los que han dedicado más tiempo para el análisis e investigación sobre el tema (Roe; 1999: Pekrun y Frese, 1992).

Muchinsky (2000), señala dos razones principales, para que el estudio de las emociones haya sido postergado por la psicología organizacional:

a) El haber adoptado la orientación predominante en las organizaciones, de considerar a la emoción una influencia no deseada, que nos desvía de la senda de la objetividad, debiendo ser controlada o sublimada, y

b) El predominio de la explicación cognitiva en psicología, que representa un rechazo al enfoque conductista, y considera al ser humano básicamente un procesador de información. Actualmente se le está concediendo la debida consideración a las emociones en el trabajo, tanto por razones teóricas como de índole práctico, adquiriendo éste último cada vez más importancia, al existir más razones para activar emociones negativas, como lo es el temor de perder el trabajo, o expresiones de violencia como consecuencia de un inadecuado afrontamiento de las explosiones negativas (Muchinsky, 2000).

NATURALEZA Y ORIGEN DE LAS EMOCIONES
Las emociones pertenecen a la categoría de los afectos. Estos incluyen el estado de ánimo u humor, y las emociones. El estado de ánimo es menos intenso, generalmente de más larga duración, y de origen incierto, mientras que las emociones son a menudo más intensas, de corta duración, están vinculados a una causa u objeto determinado.

Los estados de ánimo son conceptualizados teniendo dos dimensiones: placentero tono hedónico y activación. Las emociones también pueden clasificarse en dos categorías, positivas y negativas, pero hay mucho más que dos emociones distintas, por ejemplo: cólera, amor, disgusto, tristeza, temor, etc. Las emociones son una reacción frente algo, que le es significativo para el sujeto, y se ha presentado de manera imprevista (Roe, 1999). Es bueno precisar que la emoción además de la resonancia afectiva, incluye un componente de significado, es decir las cogniciones no están desvinculadas de las emociones.

ESTADO EMOCIONAL Y DESEMPEÑO

El estudio de los efectos de las emociones en el rendimiento de los trabajadores, es una tarea difícil de realizar, a razón que las directamente a la tarea y las relacionadas con el contexto social, es decir las interacciones con los compañeros de trabajo. Además, consideran para su clasificación, las emociones dentro de dos categorías: positivas y negativas.

Pekrun y Frese (1992) considera que las emociones vinculadas a la tarea pueden ser categorizadas según suceden en el presente, pasado o futuro. Este criterio también podría ser aplicado a las emociones que se suscitan en las relaciones con los compañeros de trabajo aunque los autores no lo tienen en cuenta en su taxonomía. emociones pueden estar vinculadas al trabajo o a eventos diferentes a este, así como pueden ser motivo de recuerdos o de expectativas para el futuro, además en un día laboral se pueden suscitar diferentes emociones.

Algunos especialistas sugieren que las emociones tienen un efecto diferente sobre el desempeño (Oatley, 1988). El disgusto conduciría al retiro psicológico, la tristeza a la inactividad o la búsqueda de una nueva meta, la cólera a un mayor esfuerzo o actos de agresión, y así por el estilo. Estas hipótesis suenan con lógica pero hasta la fecha no hay evidencia empírica que lo apoye.

Una gran cantidad de investigación sobre los efectos de ciertas emociones está vinculada con la ansiedad, especialmente en el rendimiento académico. La ansiedad puede impedir o facilitar el rendimiento según ciertas características de los sujetos (Atkinson y Feather, 1966). Algunos sujetos se orientan hacia el éxito mientras que otros su objetivo principal es evitar el fracaso (Button & Mathieu,1996). Otro emoción indagada es la irritación, la cual puede surgir generalmente por frustraciones. Parece que esta emoción afecta de manera indirecta el desempeño, como puede ser el caso de problemas de salud o concentración (Barling y Boswell, 1995).

La cólera es otra reacción frente a la frustración, y va acompañado por la atribución de alguna conducta de los demás sobre la cual discrepan. Fitness (2000) ha identificado dos patrones diferentes de reacción entre los jefes y los supervisados. Los jefes muestran una cólera moderada frente a la incompetencia percibida o una conducta reprensible de su personal, además los jefes confrontan directamente a los culpables, y normalmente están satisfechos por los episodios que han sido resueltos. En el caso del personal, experimentan de moderado a altos niveles de odio para los culpables de su cólera, especialmente si han sido humillados o han recibido un trato injusto. Después de los episodios de cólera, el personal generalmente reacciona con el retiro psicológico, pudiendo mantener dicha actitud o tratar de tomar alguna venganza. Pocos trabajadores se muestran satisfechos por haber resuelto satisfactoriamente los episodios.

Algunos investigadores han señalado que la satisfacción laboral, es una reacción emocional, pero al respecto Fisher (2000) señala que son conceptos diferentes pero relacionados. Dicha investigadora hace suya la opinión de Weiss (2000) quién sugiere que se debe distinguir entre tres tipos de reacciones al trabajo: afectivas (estados de ánimo y emoción), creencias, y un juicio de evaluación global. La investigación que realizó Fisher (2000) demostró que los afectos y las cogniciones contribuyen de manera diferente a la formación de la evaluación global sobre el trabajo, siendo motivo así para considerar las emociones como algo diferente a las actitudes. Dicha autora sugiere elaborar nuevos instrumentos de diagnóstico diferentes a los actuales, los que enfatizan el componente cognitivo y descuidan el aspecto afectivo Algunos estudios se han preocupado de indagar los efectos de las emociones de los líderes en sus seguidores. Lewis (2000) efectuó un estudio de laboratorio y observó que los estados emocionales negativos de los líderes, influían en el estado afectivo de los participantes en el estudio. Además encontró una interacción entre género del líder y emoción, de manera que los hombres líderes recibieron evaluaciones de efectividad más bajas cuando expresaban tristeza a comparación de un estado de ánimo neutral, mientras que las mujeres líderes recibieron bajas evaluaciones cuando expresaban tristeza o cólera. Lewis (2000) en base a su investigación y otros trabajos vinculados al tema, llega a suponer que la cólera o neutralidad expresada por un líder hombre, favorecería altas evaluaciones de integridad, confianza y asertividad (todas asociadas con fuerte liderazgo), mientras que la cólera de una mujer líder propiciaría percepciones de inestabilidad, agresividad, u otro rasgo negativo.

Desde la perspectiva de la motivación también se puede analizar la influencia de la emoción en el rendimiento laboral. Algunos autores que han indagado sobre la Motivación Intrínseca, ponen de relieve la importancia central de las emociones (Thomas, 2000; Hackman y Oldham, 1980), de manera que las recompensas intrínsecas son aquellos aspectos del trabajo que "generan emociones positivas" (Thomas, 2000, p.13). Actualmente estamos efectuando una investigación sobre la Motivaciór: Intrínseca Laboral desde esta perspectiva, de tal modo que frente a un buen desempeño de sus labores, el trabajador experimente emociones positivas (alegría), y de obtener un rendimiento deficiente, reaccione con emociones negativas (tristeza).

Existen determinados cargos que exigen al trabajador mostrar permanentemente un estado de ánimo positivo a los clientes de la organización, y suprimir reacciones negativas. De existir contradicción entre esta exigencia y el grado de compromiso con la organización, entre el involucramiento con la labor y nivel de adaptabilidad emocional, el trabajador puede presentar problemas de salud (Schaubroeck y Jones, 2000).

Las indagaciones sobre el manejo del estrés han llevado a considerar las técnicas de afrontamiento (Lazarus, 1986) diferenciándolo en dos grandes grupos: afrontamiento emocional y afrontamiento centrado en el problema. En el primer caso, el sujeto busca influir en la emoción directamente, por ejemplo buscando apoyo, distracción o el uso de sedantes, de modo que pueda recuperar su equilibrio y estar más apto para desempeñar eficientemente. En el caso de afrontamiento centrado en el problema, se orienta a resolver la situación que ha causado la emoción. Este tipo de afrontamiento se supone ser más eficiente en el trabajo que el centrado en la emoción, pero hasta la actualidad se ha investigado muy poco al respecto. Además de la regulación a nivel del afrontamiento existe otra regulación automática nivel de los sistemas fisiológicos. El desequilibrio originado por la emoción se expresa a través del incremento de la presión sanguínea, la respiración, niveles de cortisol, etc. Se desconoce como este desbalance y su recuperación influye en el rendimiento.

domingo, 17 de mayo de 2009

Familias Disfuncionales

El terapeuta familiar tiene un arduo trabajo en razón del tratamiento a brindar a toda la familia y a su conjunto; previo a ello es importante delimitar el problema y el tipo de familia disfuncional, existen diversos autores que han delimitado los tipos de familia disfuncionales, nosotros tomaremos las ideas de Eric Ericsson que se basa en los patrones de relación del mundo exterior de Herlm Stierlin, estas familias disfuncionales se dividen en:

· Familia Centrípeta:
En este tipo de familias es característico la dificultad de sus miembros para desprenderse o tener un alto grado de inversión emocional fuera de la familia, consideran a la familia como la fuente más importante de satisfacción en la vida. Se ocultan los problemas que se manifiestan en la privacidad del hogar mostrando un figura de familia perfecta al mundo, los sentimientos negativos y problemas son encubiertos y defendidos por cada miembro de la familia en forma particular, debido a esto los roles y patrones son por lo general estables. Como resultado los hijos se desprenden de la familia más tarde de lo esperado y en ocasiones esto nunca sucede.

· Familia Centrifuga:
En estos casos la independencia o al menos la apariencia de ella es estimulada, las satisfacciones provienen del ambiente exterior; la molestia el enojo y sentimientos similares son expresados.

La relación entre los padres por lo general es inestable con conflictos evidentes, siendo así el control para con los hijos inestable y con conflictos de competición; el resultado en estos casos es que los hijos buscan el desprendimiento de la familia mas pronto de lo esperado, es decir a temprana edad; esto lo logran de diversas formas casándose viajando o teniendo sus propios hijos.

En ambos casos se debe tener en cuenta para una adecuada evaluación y abordaje que la principal fuente de obtención de información va ser la comunicación que existe entre sus miembros, a continuación explicaremos las características de los problemas de comunicación en la familia mas comunes y que brindaran un gran apoyo para delimitar el tipo de familia, el nivel de disfuncionalidad que poseen y así mismo el adecuado tratamiento para con ellos:

. Doble Vínculo:
En estos casos en primer lugar se emite un determinado mensaje y este es deformado por otra persona y en la interacción familiar se va deformando el mensaje completamente hasta ser desentendido y generar un conflicto con todo el sistema. Esto en primeras instancias pasara desapercibido peor luego puede llegar a desarrollar un doble vinculo en toda y cualquier interacción que tenga la familia.

Ejemplo: No hagas esto o te castigaré.
Si no haces esto te castigaré.

. Transmisión de la irracionalidad:
En estos casos se distorsionan casi por completo y en cada momento la comunicación y tienden a prestar mas importancia a ideas y comentarios externos a ellos. Algo bastante particular en estos casos es que uno de los progenitores posee un problema psicológico de gravedad, los padres y madres creen que solo ellos pueden entender a sus hijos y que no existe nadie ni modo ni método que los pueda ayudar.

Incapacidad del progenitor para percibir u oír las necesidades de sus hijos centrándose solo en la idea que ellos creen adecuadas, enmascaran sus problemas para no ver soluciones.

. Cerco de goma:
En estos casos se presenta un límite inestable pero continuo que rodea a la familia; se extiende para incluir lo que se considera complementario y se contrae para excluir lo que no lo es. Este problema de comunicación genera un subcultura familiar basa en mitos, leyendas e ideologías que forman y generara un estructura familiar problemática.

BIBLIOGRAFIA:
. Simon, F; Stierlin, H. & Wayne, L.(1988). “Vocabulario de la terapia familiar”. Barcelona: España. Gedisa.
. Sanchez, D. (2000). “Terapia familiar: Modelos y técnicas” México: México D.F. Editorial: Manual Moderno
.

jueves, 14 de mayo de 2009

La Importancia del Vínculo Afectivo

Si bien la noción de aprendizaje se asocia con los conocimientos que se adquieren en la escuela, las bases para aprender comienzan a constituirse mucho antes. Estas se remontan a los primeros intercambios con la madre en los que la continuidad de la atención y cuidados permite que se actualicen, se organicen y desarrollen las habilidades cognitivas. Más precisamente, diremos que la experiencia sensorial temprana, de placer y/o displacer, que se obtenga en los contactos corporales se constituirá en la primera referencia de interpretación de la realidad. Así, en un principio, el mundo será percibido, alternativamente, como confiable o a amenazante, pasa ir integrándose poco a poco en una sola percepción en la que, en los casos saludables, predomina una visión confiable de las personas, así como una tolerancia a las frustraciones que deriva del intercambio con estas. De allí la importancia de centrar el estudio del desarrollo en los aspectos emocionales más tempranos del vínculo afectivo con la madre, campo de investigaciones en el que son fundamentales los avances que se viene produciendo dentro de la teoría psicoanalítica.

Psicodinamismos de la maternidad
El deseo de tener un hijo forma parte del desarrollo psicosexual infantil. Los niños juegan a ser padres, actuando roles en imitación e identificación con lo percibido en sus propios padres. Estos juegos facilitan la afirmación de la identidad sexual y el despliegue de actitudes orientadas a la atención, cuidado y protección hacia el otro, satisfaciendo fantasías de identificación con aquellos aspectos de poder de las figuras parentales (pines, 1968).

Con la llegada de la adolescencia, la libido sufre una nueva evolución, el incremento de la pulsión sexual pugna por la separación de la figuras parentales en busca de nuevos objetos. Esta madurez física impulsa a la joven mujer a separarse de su madre, permitiendo la materialización de sus fantasías a través de su acceso a las relaciones sexuales, así como de la posibilidad de convertirse en madre.

El embarazo puede servir para resolver conflictos del pasado, o para que estos encuentren otro escenario de repetición (Mills, 1997). Así, el feto puede ser retenido físicamente, protegido y traído a la vida, o rechazado a través de un aborto (pines, 1981). Con el primer embarazo se reafirma la identidad femenina, al permitir que la mujer experimente y desarrolle, junto con los procesos físicos, sus capacidades psíquicas de contención. La relación con el bebe se inicia antes de que este nazca. Los padres desarrollan un intercambio imaginario con su hijo, en quien no solo proyectan anhelos sino también temores y conflictos. Dependiendo de la intensidad de las fantasías asociadas al bebe, la madre podrá acercarse o alejarse defensivamente del feto, y ello influirá en el encuentro posterior a su nacimiento.

El nacimiento trae a la realidad al bebe de la fantasía, quien hace presente a través de su físico (sexo, color, formación) y de la intensidad de sus demandas, entre la madre y el hijo se materializa una interacción en la que cada uno aporta su individualidad:

° El bebe: su constitución, tendencias innatas al desarrollo, movilidad t sensibilidad, e instintos.
° La madre: un estado psicológico denominado preocupación maternal primaria (Winnicott, 1956) que consiste en una sensibilidad exaltada que le permite adaptarse a las necesidades de su bebe. Corresponde a un estado transitorio que supone la elaboración y consiguiente renuncia al bebe idealizado durante el embarazo, hacia el reconocimiento, aceptación y entrega al bebe de la realidad.

El lenguaje afectivo de la interacción entre la madre y su bebe se produce en un nivel predominantemente sensorial. Son los roces, las caricias, los gemidos y llantos lo que constituyen las primeras referencias de comunicación. En la calidad de la manipulación (handling) y sostén (holding) se darán las posibilidades de un encuentro satisfactorio del bebe (winnicott, 1964).
La inmadurez que caracteriza a la criatura humana al nacer consiste en un estado de indefensión que la coloca en una relación de absoluta dependencia con su medio ambiente, específicamente con respecto a su madreo o sustituta. El bebe requiere para desarrollarse que sus necesidades y gestos espontáneos sean atendidos, acogidos y respondidos.

Papel del Padre
Al igual que la mujer, en el hombre también ocurre un proceso de transformación interna frente a la paternidad. La expectativa del hijo moviliza en el padre deseos provenientes de su pasado que serán proyectados en el hijo, sentido en un inicio como una extensión de si mismo. En identificación con las necesidades de la madre y del bebe, el padre se hace presente facilitando las condiciones de apoyo afectivo y materias l que favorezcan el desarrollo d la relación madre – hijo. Su participación afectiva es fundamental en el proceso de separación y discriminación de la realidad. Gracias a su presencia, el niño podrá gradualmente vivir la situación edifica, a través de la cual conseguirá diferenciar los sexos y, con el tiempo, la generaciones.

El padre introduce un orden cultural en el psiquismo del hijo que se estructura a través de la instauración de la norma, acontecimiento que lacan llama “la ley del padre”, aludiendo a la importancia de un momento del desarrollo que implica el reconocimiento y aceptación de los limites de la realidad. Así el padre se constituye en la figura de autoridad que ordena la ubicación generacional y se ofrece como modelo de identificaron sexual. Por lo tanto, la relación con el padre es de gran importancia en el proceso de desarrollo e independencia emocional.

Fallas en el vínculo Temprano
La repetida inadecuación del ambiente para salir al encuentro de las necesidades del bebe, por un lado, o las deficiencias constitucionales que dificulten en forma significativa una interacción suficientemente satisfactoria, por el otro, constituyen los principales motivos de la psicopatología del desarrollo afectivo, que se expresaría en:

° Inestabilidad emocional
° Discapacidades múltiples
° Psicosis tempranas
° Alteraciones psicosomáticas
° Retados de maduración

Bibliografía
. NOVELLA, A; y, ROCA, M. El crecimiento emocional del niño en la escuela. Edit. Centauro, 1992.

domingo, 10 de mayo de 2009

Trastorno de Ansiedad en la Infancia

La ansiedad y los miedos son fenómenos universales que forman parte del entramado del desarrollo humano. Así, el miedo a la separación, la timidez social, el miedo al fracaso, el miedo a la oscuridad, a los animales o a los malos sueños forman parte de los problemas cotidianos de la infancia.

Los conceptos de ansiedad, angustia, miedo y estrés han sido utilizados de forma polisémica en la bibliografía psicológica. En este artículo hablaremos ampliamente del significado del término «estrés», así como las patologías derivadas del sufrimiento ocasionado por él. Por ello, seguidamente, nos centraremos en la diferenciación de los términos de ansiedad, angustia y miedo, si bien teniendo en cuenta que a menudo se utilizan indistintamente.

Mientras que el miedo es un sentimiento producido por un peligro presente e inminente y por lo tanto se encuentra estrechamente ligado a los estímulos que lo generan, la ansiedad se refiere a la anticipación de un peligro venidero, indefinible e imprevisible, siendo la causa más vaga y menos comprensible (Marks, 1991). En este sentido, la ansiedad ha sido definida como miedo sin objeto, mientras que el miedo es considerado como la ansiedad ante un estímulo determinado.

Tanto el término «ansiedad» como el de «angustia» derivan de la misma raíz indogermánica, anglz, que significa «malestar, estrechez o constricción». 'Posteriormente la influencia latina separó la anxietas del angor, distinción que recogió la psiquiatría francesa, diferenciando anxieté, referida a un malestar anímico o del espíritu, de angoisse, referida a constricción epigástrica con dificultades respiratorias e inquietud. Por su parte. La tradición psiquiátrica española adoptó también la distinción entre ansiedad, en la que predomina un componente psíquico, y angustia, en la que predomina un componente somático (Sandín y Chorot. 1995).

Aunque la ansiedad tiene una función activadora que facilita la capacidad de respuesta del individuo ante los peligros, cuando ésta es excesiva en intensidad. Frecuencia o duración, o aparece asociada a estímulos que no representan una amenaza real para el organismo, produce alteraciones en el funcionamiento del sujeto y se considera patológica. Es en este caso cuando hablamos de trastornos de ansiedad.

Acorde con ello, una cuestión clave para los clínicos es determinar en qué punto es apropiado redefinir esos síntomas normales como trastornos emocionales. Algunos criterios que pueden esclarecer las diferencias son los siguientes: cronicidad, intensidad de los síntomas, interferencia con el funcionamiento e interferencia con el proceso de desarrollo psicológico.

De acuerdo con Echeburúa (1996) los trastornos de ansiedad en la infancia pueden clasificarse de la siguiente forma:

- Trastornos fóbicos: fobias específicas, fobia escolar y trastorno de evitación.
- Trastornos de ansiedad sin evitación fóbica: ansiedad de separación y ansiedad excesiva.
- Otros trastornos de ansiedad: trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno mixto de ansiedad y depresión.

En nuestra opinión, esta clasificación recoge los principales trastornos de ansiedad que se presentan en la infancia. Nosotros, además, incluimos en este artículo la descripción y explicación de otro que, aunque es menos frecuente, está también representado en la población infanto-juvenil, a saber: trastorno de angustia con o sin agorafobia. Además, el trastorno por estrés agudo y el trastorno por estrés postraumático, si bien son trastornos por ansiedad.

Aunque frecuentemente se utilizan los términos miedo y fobia indistintamente, fundamentalmente cuando se aplican a niños, es importante delimitar su significado. A continuación se realiza un estudio de ambos conceptos, así como de las fobias más frecuentes en cada período evolutivo. En los siguientes apartados se expone la sintomatología asociada a cada uno de los trastornos de ansiedad, teniendo siempre en cuenta la importancia de la edad del sujeto como variable moduladora de la manifestación concreta de cada trastorno. Comenzaremos en esta primera parte hablando de las fobias y sus repercusiones en la infancia y adolescencia.

Miedos y fobias
El miedo se considera una respuesta de activación fisiológica normal provocada por hechos nocivos o amenazantes, que capacita al organismo para reaccionar ante una situación de peligro (Echeburúa. 1993). En este sentido, los miedos constituyen respuestas adaptativas que permiten que los niños adquieran las habilidades para enfrentarse a situaciones peligrosas o nocivas. Así podemos afirmar que son instintivos y universales sin aprendizaje previo.

Campbell (1986) describe la evolución de los miedos en la infancia como una característica del desarrollo humano. Así, desde una aproximación etológica, Bowlby (1993) plantea que inicialmente la incomodidad, el dolor y los sonidos agudos y repentinos provocan inquietud en el bebé e incluso pueden inducir al llanto, así como la tensión muscular y los movimientos difusos. Por el contrario, el bebé se tranquiliza cuando se lo acuna o se le dan palmaditas o por medio de la succión sin fines alimentarios. En estas reacciones de temor el aprendizaje tiene nula o escasa participación. Con el desarrollo cognitivo aparecen otros miedos evolutivos; por ejemplo entre los 8 y 12 meses el niño comienza a manifestar respuestas de temor ante las personas extrañas. Cuando el niño aprende a moverse por sí mismo, aumenta el número de situaciones temidas. Y a medida que progresa el desarrollo cognitivo, con la adquisición del lenguaje y la capacidad para efectuar operaciones simbólicas, aparece el miedo a la oscuridad, a los seres imaginarios y a los animales, mientras que los anteriores temores comienzan a desaparecer. Las reacciones de temor son entonces menos situacionales, ya que el niño es capaz de anticipar situaciones peligrosas que no se encuentran en su entorno inmediato.

De los 6 a los 9 años surgen nuevos temores que tienden a ser más reales, asociados a situaciones que implican daño físico y miedo al fracaso o a hacer el ridículo. Los miedos a fantasmas y monstruos empiezan a desvanecerse, aunque aún permanece el miedo a la oscuridad, a estar solos y a la separación de los padres. En la adolescencia se incrementan los miedos relacionados con las situaciones sociales: el temor a fracasar, a hacer el ridículo, a las relaciones con el otro sexo, a ser no ser aceptado por el grupo, a las relaciones sexuales.

Morris y Kratochwill (1983) consideran que los miedos evolutivos son un componente del desarrollo normal del niño que le proporcionan medios de adaptación a diversos estresores vitales. En este sentido:

o Se trata de un fenómeno evolutivo, hasta el punto de que la presencia de miedo debería considerarse como una parte integral del desarrollo psicológico normal. Lo anómalo sería su ausencia. El miedo tiene la finalidad de señalizar la presencia de una amenaza.

o La mayoría de los miedos suelen ser transitorios, aparecen en niños de edad similar y, por lo general, no suelen interferir en el funcionamiento psicológico cotidiano. Estos miedos parecen estar en estrecha interdependencia con los cambios evolutivos y desaparecen al poco tiempo.

o Las experiencias, vivencias y emociones aparejadas con los miedos evolutivos permiten al ser humano generar y consolidad medios y recursos encaminados a resolver de modo satisfactorio situaciones estresantes.
o La dimensión cognitiva se presenta con una especial relevancia. Los miedos son reacciones ante una serie de estímulos, unos externos y otros generados por el propio sujeto, que son autocalificados como amenazadores o emparejados con estímulos percibidos como peligrosos.

En la adolescencia adquieren gran relieve los temores sociales (p.e. miedo a la interacción con personas del sexo opuesto), los miedos sexuales y los relacionados con la autoidentidad y el rendimiento personal (p.e. temores al fracaso, a no ser popular, a la inadecuación personal, al aspecto personal, a ser incompetente, a parecer loco/a...). Además se incrementan los miedos de tipo académico, político y económico. También suelen darse con cierta frecuencia los miedos de fases anteriores, tales como los miedos a los animales, oscuridad, muerte, cementerios, daño corporal (Sandín, 1996). Mientras que los miedos son considerados como reacciones normales del niño, las fobias son conceptuadas como alteraciones o trastornos psicológicos. Así, la característica esencial de la fobia específica es un miedo intenso y persistente a objetos o situaciones claramente discernibles y circunscritos (DSM-IV; APA, 1994).

Marks (.1961) entiende la fobia como un tipo de miedo que:
- Es desproporcionado respecto al peligro de la situación.
- Se acepta como irracional, esto es, es resistente a las explicaciones o razonamientos correctos.
Es involuntario, no está sujeto al control de la persona.
- Lleva a evitar la situación temida.

MilIer, Barret y Hampe (1974) ampliaron la definición propuesta por Marks, añadiendo tres nuevos criterios:
- La reacción de temor persiste durante largos períodos de tiempo.
- Es una reacción desadaptativa.
- No corresponde a la edad' o estadio evolutivo.

Con esta ampliación de criterios se evita considerar como fobias las reacciones de miedo evolutivamente normales, por ejemplo las respuestas de miedo intenso ante la separación de la madre que manifiestan los niños entre uno y dos años de edad. Tal y como argumenta Bragado (1994), este comportamiento es transitorio, ocurren en la gran mayoría de los niños y puede ser considerado como una parcela más del desarrollo.

También el DSM-IV considera un criterio indispensable para diagnosticar una fobia que el miedo o la evitación interfieran con la vida normal del individuo, produciéndose un intenso malestar. En este sentido, se hablará de miedos cuando no se produzca interferencia con la vida del niño. La evitación del estímulo temido puede producirse tanto cuando los miedos son normales como cuando son exagerados o irrazonables, y siempre que no interfiera o límite la vida del niño podrá ser considerada funcional o adaptativa. Si la evitación es adaptativa, el comportamiento del niño no deberá ser considerado fóbico (Fernández, 1996).

Como hemos expuesto anteriormente, Marks (1969) considera que las fobias no pueden explicarse o razonarse. En la misma dirección, la 'APA (1994) señala que el individuo debe reconocer que su miedo es excesivo o irracional, aunque establece que dicho requisito no es imprescindible para realizar el diagnóstico en la población infantil.

Hay dos categorías que suelen aplicarse al niño y al adolescente, a saber, las fobias específicas y la fobia social. Sin embargo, la agorafobia es menos frecuente en esta población.

Las fobias específicas (o fobias simples) se refieren al miedo exagerado y persistente a un objeto o situación determinados. El DSM-IV establece cinco categorías de fobias específicas, a saber, animal, ambiental (p.e. altura, tormentas, agua), sangre- inyecciones-lesión situacional (p.e. aviones, lugares cerrados) y de otro tipo (p.e. ruidos estridentes o personas disfrazadas), y no diferencia las fobias que ocurren durante la infancia y adolescencia de las que suceden en la vida adulta.

En los niños las fobias más frecuentes son las referidas a los animales, a la oscuridad, a dormir solos, a los dentistas, médicos o practicantes (Jiménez, 1995), y la ansiedad se puede expresar llorando, mediante rabietas, quedándose paralizados o abrazándose a alguien que les dé seguridad.

Las fobias específicas tienden a remitir espontáneamente con el paso del tiempo en períodos que oscilan entre uno y cuatro años. La maduración cognitiva del niño y las experiencias de aprendizaje debidas a la exposición al estímulo temido o mediante aprendizaje vicario pueden explicar esta remisión espontánea.

Las fobias sociales (o trastorno de ansiedad social) se refieren al miedo exagerado y persistente a actuar de un modo humillante o que suponga la evaluación por parte de los demás ante personas que no pertenecen al ámbito familiar. Ejemplos de situaciones de esta categoría son los siguientes: hablar en público (leer en voz alta, hacer un comentario sobre un libro, contestar a una pregunta del profesor), comer, beber y escribir en público, ir a fiestas, utilizar los aseos públicos, hablar con figuras de autoridad y reuniones o juegos con otros niños. De entre ellas, cabe destacar las relacionadas con hacer exámenes escritos u orales, que les devuelvan el examen corregido o escribir en la pizarra, por su relativa frecuencia en el ámbito escolar.

Generalmente estos niños o adolescentes temen que los demás perciban los síntomas de su ansiedad, tales como enrojecimiento, temblor de manos o de la voz, agitación respiratoria, sudoración, que a su vez les genera más ansiedad.

Tener alguna característica física diferente del resto de compañeros (p.e. sobrepeso, alguna minusvalía física) puede hacer al niño o adolescente vulnerable al desarrollo de una fobia social, por el temor a sufrir las burlas. Esta situación desgraciadamente, cada vez más frecuente en el ámbito escolar actual debido, en parte, al aumento de la agresividad en esta población.

Generalmente aparece ansiedad anticipatoria, y ello genera preocupaciones antes de afrontar la situación temida, lo que, a su vez, provoca ansiedad, constituyéndose un círculo vicioso que da lugar a un mal rendimiento real o subjetivo en la situación temida debido a dicho malestar.

Cuando se realiza este diagnóstico en niños o adolescentes, es necesario establecer que tienen la capacidad de entablar relaciones sociales adecuadas para sus niveles de edad y que la ansiedad social aparece ante el contacto con otros niños de la misma edad y no sólo ante adultos.

Dado que la adolescencia es un período del desarrollo durante el cual la ansiedad social es bastante frecuente, sólo se realizará el diagnóstico en el supuesto de que dicha alteración suponga una interferencia en la vida del adolescente y/o le cause un malestar intenso y duradero, c1ínicamente significativo. En los niños, las fobias sociales pueden manifestarse mediante lloros, tartamudez, parálisis o abrazos o aferramiento a familiares cercanos, junto a la abstención de mantener relaciones con los demás, pudiendo llegar al mutismo.

La razón fundamental que justifica este cambio es la poca frecuencia con que era diagnosticado y el escaso conocimiento del curso, evolución y respuesta a la ira. tratamiento de este trastorno en la infancia (Jiménez, 1995).

Así, el «trastorno por evitación» se aplica cuando se cumplen los tres criterios siguientes durante al menos seis meses (y el niño tiene más de dos años y medio):
a) timidez excesiva y persistente con los adultos y compañeros;
b) deseo de afecto y aceptación, y, por lo general, relaciones cálidas y satisfactorias con los familiares
e) conducta de evitación lo bastante intensa como para interferir en el funcionamiento social y las relaciones con los compañeros. Dicha sintomatología es análoga a la de fobia social.

Los niños que sufren este trastorno generalmente son remitidos al psicólogo de la escuela, pues en el ambiente familiar no presentan ansiedad.
Bibliografia
. Gonzales. R (2000). Psicopatología del niño y del adolescente, Madrid.

martes, 5 de mayo de 2009

PSICOTERAPIA PSICOANALITICA

También persigue resolver conflictos y eliminar defensas patológicas, aunque no se propone una reestructuración caracterial a fondo como el psicoanálisis clásico. No existe mucha teoría sobre ella, aunque podríamos conceptualizarla como una versión del psicoanálisis más orientada al insight limitado a las formas actuales en que se revelan sus estructuras dinámicas y a la eliminación de síntomas, y que suele ser indicada a pacientes que por diversas razones (en general, dificultades para asumir el encuadre explícito y/o implícito) no parecen poder beneficiarse de un análisis clásico en toda la regla.

La periodicidad suele ser de 1 a 3 sesiones semanales, durante un tiempo muy variable según las circunstancias de cada caso. Se hace un menor énfasis en la asociación libre, y el análisis de la transferencia con el analista se sustituye más frecuentemente por el de las transferencias con otras personas significativas; puede decirse que existe un mayor énfasis en los sucesos interpersonales. Por este motivo, se propicia más la alianza de trabajo (orientada a la tarea, descansa en gran parte sobre la motivación de tratamiento del paciente, aunque exige también una capacidad específica por parte del terapeuta) que la neurosis de transferencia. En este sentido, la regresión se contiene más que en el psicoanálisis tradicional, y en general puede decirse que se realiza un esfuerzo deliberado de contención de la misma a un nivel máximo similar al traído a la terapia desde sus inicios. En base a estas consideraciones, se propicia el encuentro cara a cara en vez del uso del diván.
El papel del terapeuta es más activo y focaliza más sus intervenciones. El proceso es indudablemente más flexible y suele incluir pautas psicofarmacológicas.

PSICOTERAPIA DE APOYO
Es el tratamiento de elección para pacientes que se ven limitados en su capacidad de cambio o en su implicación terapéutica. Busca el alivio de los síntomas sin entrar en la estructura de carácter y/o resolución de conflictos básicos. Por ello se centra en el cambio externo de la conducta, y ni se liberan contenidos reprimidos, ni se toca el inconsciente.

Al no disponer de una estructura yoica lo suficientemente sólida para elaborar e integrar ese material, la estrategia se centra en reforzar las defensas e introducir otras, pero siempre en el intento de conseguir y mantener el mejor nivel de adaptación posible.

No se producen evidentemente interpretaciones transferenciales, aunque se propicia la identificación con el terapeuta. Este es una figura claramente de autoridad que apoya la restauración o corrección de defensas y capacidades de integración. Tiene un papel directivo, activo, y con sus autorevelaciones y guías intenta modelar los recursos para el manejo efectivo de problemas. En cualquier caso el foco es siempre consciente, aunque con frecuencia se trabaja también el esquema moral contenido a nivel del Superyó. La neurosis de transferencia es desalentada, y se intenta potenciar la alianza de trabajo. Tampoco se usa el diván por razones obvias, pues se impide la regresión en lo posible. De hecho, uno de los peligros de esta variante psicoterapéutica es el de elicitar regresiones y pautas de dependencia demasiado intensas.

Según el paciente, se puede limitar el tiempo del proceso terapéutico; en cualquier caso, las visitas están más espaciadas que en otras formas de trabajo psicoterapéutico, e incluso pueden concertarse a demanda del propio paciente. En general, ésta suele originarse en dificultades ambientales, enfermedades o descompensaciones.

PSICOTERAPIAS DINAMICAS BREVES E INTERVENCIONES EN CRISIS
Se empiezan a desarrollar a partir de las primeras aplicaciones psicoterapéuticas en situaciones de emergencia llevadas a cabo por Lindemann, integrando los aportes teóricos psicoanalíticos de Ferenczi, E. Erikson y otros, con la teoría de las crisis de G. Caplan. A nivel asistencial, se ha visto rápidamente aceptada a partir de la insatisfacción con la prolongada duración y las exigencias económicas del psicoanálisis y los otros derivados ya expuestos; Malugani encuentra su justificación en aspectos sociales (accesibilidad de las clases bajas), económicos (menor coste) y en las aplicaciones preventivas. El texto pionero y fundamental se considera el de Alexander y
French de 1946 Terapéutica psicoanalítica, aunque hoy día se integran bajo el concepto de psicoterapias breves otros enfoques no derivados del psicoanálisis.

La psicoterapia breve integra un número amplio de formatos que varían en muchas de sus características básicas, aunque comparten un anclaje psicodinámico común, y una preocupación por la brevedad del tratamiento. Un intento de definición debe incluir los siguientes factores: la limitación en el tiempo, la focalización de los objetivos, el fin preventivo adicional, los criterios de selección de pacientes, y el requerimiento de un papel especialmente activo en el terapeuta.

CONCEPTOS BASICOS
El concepto de tiempo
Es un elemento básico en la identidad de esta modalidad psicoterapéutica, y su exponente máximo en este sentido es J. Mann. En general, podríamos definir la limitación de tiempo característica a menos de 6 meses. Sin embargo, es necesario considerar el tiempo lógico o subjetivo; es decir, el que cada paciente necesitará para conocer su problemática y elaborarla pertinentemente. Es este último concepto el que se ve menos reconocido en la psicoterapia breve, y explica al mismo tiempo su popularidad en la asistencia institucional, así como la necesidad de seleccionar muy adecuadamente al paciente susceptible de beneficiarse de la misma, y esto incluye tener presente la idea que éste tiene del tiempo.

Es interesante reconocer que la limitación temporal, en los pacientes adecuados, constituye una importante ventaja, en la medida en que facilita una colaboración consistente en no dispersar el material de trabajo y por ello limitarlo al foco establecido. Al mismo tiempo, el encuadre temporal inicial debería ser asumido de una manera flexible y tentativa, y ello no puede ser de otra manera ya que al inicio del tratamiento no se sabe aún la intensidad y complejidad del problema en toda su magnitud.

Los factores de prolongación han sido estudiados por Malan desde dos puntos de vista: en el paciente y en el terapeuta; en la Tabla se expone una relación de los mismos. La preocupación fundamental de la psicoterapia breve de cualquier signo, es lograr vencer tales factores.

Tabla: Factores de prolongación de la psicoterapia
EN EL PACIENTE:
.Resistencias
.Sobredeterminación de los síntomas
.Necesidad de elaboración analítica (working through)
.Raíces infantiles de toda neurosis
.Transferencia
.Dependencia
.Transferencia negativa relacionada con el fin del análisis
.Neurosis de transferencia

EN EL TERAPEUTA:
.Tendencia a la pasividad, o dejarse llevar por el paciente
.Transmitir al paciente una sensación de interminabilidad
.Perfeccionismo terapéutico
.Interés creciente por experiencias cada vez más profundas y antiguas, por el principio psicoanalítico del determinismo
.Pérdida gradual de entusiasmo

Focalización
Es probablemente el denominador común de las psicoterapias breves, así como su dificultad técnica más importante. Consiste en la delimitación de la intervención terapéutica a aspectos específicos del caso; es decir, la programación de una meta. Hay varios tipos de focos, y según el modelo terapéutico elegido puede tratarse de un propósito consciente y asumido por ambas partes, o bien el resultado una hipótesis dinámica que elabora el terapeuta en función del planteamiento del paciente.

La situación
Cara a cara; esto es siempre más difícil y delicado que el uso del diván. Exige del terapeuta un papel más activo, incluyendo una postura de atención selectiva y de directividad sobre los contenidos de la terapia.

Criterios de selección de pacientes
Trastornos de inicio reciente.
.Capacidad adecuada para establecer una alianza terapéutica sólida.
.Motivación para el tratamiento; de alguna manera, que la enfermedad es contraria al Yo.
.Adecuada capacidad de insight y de comunicación verbal efectiva.
.Mecanismos de defensa amplios y poco rigidificados.
.Tolerancia a la ansiedad y frustración.
.Preferiblemente, edad no avanzada, aunque se es muy variable en este aspecto dependiendo más de la patología, motivación y objetivos que de la edad perse.
.Las contraindicaciones se centran en principio en pacientes que requieran reestructuraciones globales de personalidad, que tengan fuerte tendencia a la actuación de conflictos fuera del marco terapéutico, no cooperativos, toxicodependientes, y con larga historia de fracasos psicoterapéuticos.

Características del terapeuta
.Alta motivación de trabajo personal y profesional.
.Capacidad de estimular al paciente y a su contexto.
.Disposición a cooperar, tanto con el paciente como con su entorno, otros profesionales, etc.
.Adecuada formación, incluyendo preparación psicodinámica, entrenamiento didáctico, y supervisiones.

MODELOS
Uno de los enfoques básicos es el de Bellak y Small, que igualan Psicoterapia Breve, Psicoterapia de Emergencia e Intervención en Crisis.

El objetivo básico es proporcionar alivio sintomático hasta un punto en que se pueda dejar al tiempo hacer el resto, o bien derivar en condiciones hacia psicoterapia extensiva e intensiva. Su formato es de cinco sesiones (número orientativo, y por tanto flexible), a razón de una por semana en principio.

Otro modelo de gran prestigio es el de Malan, que maneja dos triángulos básicos en la estructuración de su terapia, llamada terapia focal. El primero de ellos o "triángulo del conflicto" incluye los vértices siguientes: D (mecanismos de defensa), A (ansiedad), y SI (sentimientos inconscientes). Este triángulo se relaciona con el de las "personas", constituido por: O (relaciones actuales con los otros significativos), T (relaciones transferenciales con el terapeuta) y P (con personas significativas del pasado, progenitores normalmente). En terapia, se actualiza el triángulo del conflicto en la persona del terapeuta, y es función de éste conectarlo con O y con P. Molnos elabora esta dinámica gráficamente incluyendo en cada uno de los tres vértices del triángulo de las personas un triángulo de los conflictos.

Sifneos busca la provocación continua de ansiedad en el paciente, obligándole a enfrentar lo doloroso. No hace tanta referencia al psicoanálisis, y de hecho su enfoque es el mejor y más claramente sistematizado.

Mann ha desarrollado la psicoterapia de tiempo limitado, apoyado especialmente en las concepciones de Bowlby (19). Se limita el número de sesiones desde el principio, tanto por la intensificación del proceso que supone (enfatizando lo transitorio de la relación con el terapeuta) como por la carga de expectativas positivas que se crean. Para Mann, el conflicto separación-individualización es universal, y repasa con el paciente sus distintos momentos evolutivos trabajando ese tema.

Davanloo se basa en el esquema de los triángulos de Malan al tiempo que reta continuamente las defensas del paciente en la línea de Sifneos. Es menos selectivo con los pacientes, y parece haber obtenido unos niveles de eficacia prometedores (19).

Otros autores destacados son Horowitz, Strupp, y Balint. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el concepto de psicoterapia breve de orientación dinámica se va aproximando poco a poco al de la terapia cognitivo-conductual, en la medida en que los focos más frecuentes se centran en diferentes combinaciones de afectos con cogniciones como determinantes de comportamientos específicos, fundamentalmente relacionales (20). Es posible que la unión se realice dentro del denominado paradigma constructivista, representado por el modelo de terapia cognitivo-estructural de Guidano y Liotti.

Bibliografía

. Kriz J. Corrientes fundamentales en psicoterapia. Buenos Aires, Amorrortu, 1990.
. Wallace, ER. Dynamic Psychiatry in Theory and Practice. Philadelphia, Lea and Febiger, 1993.
. Laplanche J y Pontalis JB. Diccionario de Psicoanálisis. Barcelona, Labor, 1981.

viernes, 1 de mayo de 2009

Trastornos Generalizados del Desarrollo


Son trastornos severos, caracterizados por alteración en la interacción social, en la comunicación (lenguaje) y presencia de estereotipias. Generalmente se inician muy temprano en la infancia, entre 0 y 5 años.

1. Autismo infantil
Síndrome de Kanner o psicosis infantil temprana. Es un trastorno generalizado del desarrollo, que se refleja en un comportamiento anormal desde los primeros meses de vida, con rechazo al contacto físico, ausencia de sonrisa al tercer mes, ausencia de temor al extraño al 8° mes; la madre puede no ser reconocida por el niño; éste no mira a los ojos, es indiferente, se interesa por objetos duros, sonoros o por ruedas a las que hace girar incansablemente. No hay lenguaje, la comunicación no se establece. Más frecuente en varones que en niñas. Hay falta de respuesta a las emociones de los demás. Cuando el cuadro comienza después de adquirido el lenguaje, éste no es usado para comunicarse. Hay juego estereotipado, el niño olfatea las cosas y las personas. Puede haber trastornos del sueño y alimentarios, rabietas, conducta autoagresiva. Leo Kanner, en 1943, describió por primera vez este síndrome, que tiene una prevalencia de 1 a 4 por 10 000.

2. Otras psicosis infantiles
Algo más tardías, se inician más allá del segundo año, con lenguaje ya adquirido y variedad semiológica: crisis de angustia, inestabilidad motora, rituales defensivos, ambivalencia afectiva, regresión, incapacidad para tolerar frustraciones, etc.

3. Psicosis de la segunda infancia
Aparecen entre los 5 y 6 años, son más raras que las precoces y a veces derivan de psicosis tempranas. Evolucionan hacia la deficiencia severa en la mitad de los casos, otras van al autismo, en el cual se instalan. Puede haber mejoría parcial con desarrollo irregular, manteniendo conductas psicóticas. Pueden excepcionalmente alcanzar un mejor desarrollo global que permita la escolaridad cuando el grupo familiar colabora. En el tratamiento de las psicosis de la infancia debe enfatizarse la estimulación y la reeducación precoces y sostenidas.

4. Otras patologías infantiles
Como el síndrome de Rett en niñas y el síndrome de Asperger en varones, caracterizados por autismo y pérdida de capacidad de interacción. No son frecuentes.

5. Psicosis de comienzo tardío o "esquizofrenia infantil"
Que se inicia después de los 6 años.
Muchos niños son detectados, tras una minuciosa historia clínica, en la edad escolar. El cuadro es insidioso, con conducta impredecible, ansiedad intensa, autismo, dificultad en la relación con los compañeros de juego. Hay movimientos repetitivos y rutinarios, que de ser interrumpidos por alguien ocasionan gran molestia; bajo rendimiento escolar con dificultad para culminar las tareas; presencia de hábitos extraños, como oler las cosas, apego a ciertos objetos (telas, ruedas, papeles, etc.). Suelen presentar actitudes de autodestrucción (inferirse rasguños o heridas). Se diferencian de las psicosis más tempranas por la presencia de alucinaciones y delusiones semejantes a las del adulto. El lenguaje es ecolálico y disparatado. Puede haber obsesiones y ambivalencias. La prevalencia es de 2.5 en 10,000, más frecuente en varones. Una buena evaluación dará pautas para el tratamiento médico, social y educativo. Puede usarse drogas antipsicóticas de acuerdo a la intensidad del cuadro clínico.

6. Psicosis del adolescente
Se inician generalmente con insomnio, irritabilidad, disminución brusca en el rendimiento escolar, aislamiento y depresión; muchas veces son monosintomáticas. Las más frecuentes son las esquizofrenias cuyo inicio en la adolescencia suele ser característico. Las psicosis afectivas son de pobre aparición en edades tempranas, aunque hay informes de casos que se inician en la pubertad.

Bibliografía
AJURIAGUERRA, J. de; y, MARCELLI D. Manual de Psicopatología del niño. Edit. Toray, 1982.