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martes, 21 de julio de 2009

INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA EN PACIENTES RENALES

Los estudios realizados hasta el momento demuestran que en estas personas al inicio de su vida con diálisis, existe una gran necesidad de información y de búsqueda de elementos cognoscitivos relevantes para hacerse una correcta representación de su enfermedad y su tratamiento. Se conforman en esta etapa la actitud hacia la enfermedad, el estilo de enfrentamiento y lo que Luria denominara el componente intelectual del cuadro interno de 1a enfermedad (Otero, H. 2000). Se ha encontrado también que después de un periodo largo de vida con diá1isis, ocurren importantes cambios en la personalidad de estos pacientes. Cambios que consisten en una reestructuración del sistema de motivos, disminución de la intensidad de 1as actitudes hacia lo social, el trabajo, la sexualidad, las demás personas y una reestructuración de valores e intereses, tomando importancia los relacionados con su propio ser y con su salud.

En el tratamiento se debe empezar por abordar a la persona como ente integral, como una unidad, lo que facilitará su recuperación o cambio. Se deben tener en cuenta ciertas estrategias. La primera, una gran tolerancia a la frustración, porque no siempre se van a dar las respuestas deseadas. También hay que demostrar que nuestra intervención es necesaria en aspectos actitudinales, comportamentales, en intervenciones familiares, o en su medio ambiente. Además, debemos utilizar estrategias de conciliación y de negociación, cuyo principal objetivo será mejorar la calidad de vida y ofrecerle los recursos para cambiar .su estilo de vida. Como psicólogos nuestra meta terapéutica es ayudar al paciente a aliviar los síntomas, es decir. Su comportamiento ansioso, depresivo, su estado emocional, sus hábitos inadecuados (alimentos prohibidos, tabaquismo, etc.), lograr el adecuado manejo emocional, limitar el avance del mal, limitar o eliminar las consecuencias psicol6gicas que causan invalidez como la depresión y la ansiedad; aspectos a tener en cuenta, ya que estos estados depresivos contribuyen a avanzar o deteriorar su estado de salud, y a causar estados de desesperanza.

En la intervención para contribuir a mejorar su estilo de vida, se debe hacer uso de distintas estrategias como la psicoeducativa, donde se elabora medios y materiales educativos para informar al paciente sobre como se da el proceso de enfermedad, Cómo su comportamiento y sus actitudes están contribuyendo a la misma. Por ejemplo en aquellos pacientes que no controlan su cólera o sus estados emocionales, se va a producir cambios en su equilibrio interno, cambios a nivel neurovegetativo, neuroendocrino e inmunológico (Delgado Coss, E. 199).

Se les debe educar además en aspectos como los factores de riesgo, situaciones o comportamientos que están más asociados a las enfermedades. Factores como la correcta alimentación o estado nutricional, el adecuado descanso para poder evitar alteraciones en su ritmo biológico, lo que lleva a trastornos gastrointestinales y en general a distintos problemas de salud.

Educar significa no sólo informar, sino lograr un cambio actitudinal, del que forma parte todo el equipo multidisciplinario, así como en muchos casos hacer uso de personas que han pasado ya por la misma experiencia.

Otra etapa es la motivacional, que contribuye a que aumente la disposición e intención del cambio actitudina1, en ésta debemos explicarle que gradualmente debe ir estableciéndose metas y objetivos precisos, incluso con ayuda de otros profesionales de la salud, decirle que no está solo, y lógicamente potenciando su soporte familiar de lograr importantes cambios a este nivel.

La siguientes la del cambio en si, en donde le vamos a dar los recursos para que cambie algunos hábitos no saludables, tanto a nivel cognitivo como emocional y comportamental. Para poder lograr este cambio, remarcarle que no está solo, potenciándole su soporte sociofamiliar.

La etapa de acción tiene como objetivo que la persona logre el control emocional, ya que ansiedad, depresi6n y cólera, deterioran su estado de salud y contribuyen al avance del mal, facilitarle destrezas individuales y grupales. En la etapa de mantenimiento, reforzar las metas Y objetivos, así como sus destrezas y control emocional.

Contribuir al cambio de estilo de vida significa también enseñarle a solucionar problemas, a que adquiera actitudes optimistas, saludables, actitud mental positiva, ayudarle a minimizar su impacto emocional a través de técnicas de relajación, visualización o meditación, lo que es parte fundamental de la intervención terapéutica. Es importante involucrar a la familia, a la pareja, a los hijos, si es necesario a los amigos, es decir, contribuir a potenciar ese soporte social.

Es indispensable que el paciente observe modelos de éxito (otras personas que han pasado lo mismo), quienes ya están recuperados y que sienten o tienen control de su salud. Tienen que recibir retroalimentación constante, personal, profesional y de su entorno.

Para que incremente la autoeficacia tenemos que enseñar al paciente que aprenda a auto observarse, lo que piensa, lo que sienta, lo que hace en determinadas situaciones. La persona tiene que asumir que si puede lograr el cambio, pero poco a poco.

Los objetivos terapéuticos deben ser realistas y cortos; es decir, a medida que los van cumpliendo hacerles ver que si pueden lograr el cambio y entonces el paciente se retroinforma si lo voy a poder hacer, no estoy solo, puedo hacerlo con ayuda y asesoría".

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