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martes, 17 de febrero de 2009

El duelo: Impacto en la Familia y sus Miembros

Las pérdidas se producen en la unidad familiar, por lo que es importante considerar su impacto en todo el sistema. La pérdida de una persona puede provocar un desequilibrio de la homeostasis familiar, lo que llevará a la familia a buscar ayuda. Bowen señala que es necesario conocer la configuración de la familia, la posición de la persona muerta, y el nivel de adaptación vital total, para poder ayudar adecuadamente a la familia antes, durante y después de la muerte.

Los factores específicos que afectan el proceso de duelo, determinan el número de desorganización familiar son: las fases del ciclo vital familiar, los roles que desempañaba el fallecido, el poder, afecto y patrones de comunicación y factores socioculturales.

Se comentará a continuación cómo un duelo inadecuado puede entorpecer la dinámica familiar.
La terapia familiar ve a la familia como una unidad en interacción donde los miembros se influyen recíprocamente. Así, no es suficiente tratar a cada integrante en relación con el fallecido, sino que también relacionar su duelo con toda la red familiar.

La familia es más que la suma de las características individuales de sus miembros, por lo que es necesario estudiar tanto el duelo familiar como el individual. Esto debido al impacto de los mitos familiares, lo que trabajan como las defensas en el individuo y definen e identifican al grupo.

La capacidad de expresar y tolerar sentimientos varía en cada familia. Así, aquellas que no lo permiten, pueden provocar conductas como los acting out (como respuesta ante el duelo) y ofrecen excusas y comentarios para callar a los demás. Las que afrontan el duelo adecuadamente son aquellas que comentan sobre el fallecido, procesan sentimientos sobre la muerte incluyendo, admitiendo y aceptando la vulnerabilidad.

Centrarse en el sistema familiar es importante porque un duelo no resuelto puede ser clave en una patología familiar y/o puede contribuir a relaciones patológicas transgeneracionales. Por ej. Un duelo en la familia origen pospuesto impide experimentar la pérdida emocional y separación en la familia nuclear. Otro ej. Es que los padres de drogadictos nunca han elaborado el duelo, ni resuelto duelos y sentimientos ambivalentes hacia sus propios padres, por lo que proyectan sus conflictos en la familia nuclear. A partir de esto, Bowen señala la importancia de considerar la historia de la familia extensa abarcando por lo menos dos generaciones.

Al evaluar el sistema familiar y el duelo, se deben considerar 3 áreas:

╚> La posición funcional que desempeñaba el fallecido en la familia.
Si su rol era significativo, se creará un gran malestar al equilibrio funcional. Bowen dice que la familia tiene éxtasis y calma cuando todos sus miembros funcionan eficazmente, por lo que la muerte de un integrante la desequilibra. Así, se busca otro miembro para el rol vacante. Los niños también tienen un rol importante en la familia y su muerte produce desequilibrio. Aunque, como en todo duelo, es recomendable la terapia familiar. Paul, señala que el trabajo de duelo reducido a una persona y un terapeuta, disminuye las posibilidades relacionales de la persona y su propia familia. La terapia familiar permite resolver los conflictos en un concepto donde todos lo miembros están al mismo alcance. Cuando muere uno de los padres en familias jóvenes lo efectos pueden ser muchos. Aquí, además de perturbarse el equilibrio emocional, se pierden las funciones de mantenedor o las maternales en la familia cuando estos roles son imprescindibles. Otra muerte importante es la de un jefe de clan patriarcal que ha tenido como rol la toma de decisiones familiares significativas. También existen miembros que son más neutrales, que desempeñan sólo roles periféricos. Aquí la probabilidad que su muerte afecte el funcionamiento familiar c/ la misma intensidad es menor.

╚> La integración emocional de la familia: las familias más integradas se ayudarán más, sin requerir de ayuda externa. Las menos integradas pueden mostrar reacciones mínimas ante la muerte, pero más adelante pueden hacer síntomas físicos o emocionales, o desarrollar conductas sociales problemáticas. Conseguir que la familia expresen sentimientos después de la muerte no aumenta la integridad familiar.

╚> La facilitación u obstrucción de la expresión emocional al interior de la familia: implica el valor que la familia da a las emociones y los patrones de comunicación que permiten o prohíben su expresión. La muerte desencadena múltiples sentimientos, por lo que poseer un apoyo donde se puedan experimentar, identificar y resolver se vuelve indispensable. El control o distanciamiento de tales sentimientos evitan la resolución adecuada del duelo.

La muerte de un hijo
Corresponde a una muerte muy compleja que incluso puede provocar reacciones patológicas. Los hijos sobrevivientes se tornan el centro de las maniobras inconscientes diseñadas para aliviar la culpa de los padres y se usan como una forma de controlar el destino. Así, los padres pueden poner a otro hijo como sustituto del fallecido, dotándolo con las características del último o incluso, poniendo el nombre del fallecido o uno similar a un nuevo hijo. Davies y Cols encontraron que las familias sanas eran capaces de reconocer la pérdida sin esperar que otro suplantara su lugar. Si los padres ayudan a los hermanos a comunicarse y les permiten expresar directamente sus sentimientos, los llevarán a la negociación sana de las tareas del duelo.

Algunas familias afrontan los sentimientos de muerte suprimiendo los hechos que rodean la pérdida. Así por ej. el siguiente hijo no sabe nada al respecto. Es esperable que después de la muerte haya un tiempo en que se pasen por alto los demás hijos. Esto ocurre debido al estado traumático de los padres, quienes simplemente no pueden ayudarlos, por lo que se tornan fundamentales las redes de apoyo. A veces se supone que los hijos son muy jóvenes para comprender la situación o que deben ser protegidos de este evento “mórbido”.

Los niños se complican pensando que deben decir a los amigos y cómo afrontar el malestar de los demás respecto a la muerte, por lo que tienen miedo a jugar o a estar contentos, ya que los demás pueden pensar que no están afectados.

Cuando no existe una comunicación abierta y honesta los niños buscan sus propias respuestas, por lo que es muy importante que los padres disipen el pensamiento mágico y erróneo para así establecer un vínculo emocional entre ellos y los hijos que quedan. Esto es importante para el desarrollo de su personalidad y su capacidad de establecer y mantener relaciones futuras.

La pérdida de un hijo tiene un gran impacto en la familia, es un de las pérdidas más devastadoras. Los lazos parentales son fuertes y reflejan la personalidad de los padres y dimensiones socio históricas.

El hijo representa para el padre lo mejor y peor de sí. Las dificultades y ambivalencias en la vida del padre se manifiestan en el vínculo con el hijo. El hijo nace en un mundo con historia, de esperanzas y expectativas. La relación padre- hijo puede ser tb una recapitulación de del vínculo del padre con su padre. Desde el nacimiento las esperanzas, expectativas, vínculos e historia conforman la relación padre- hijo.

La experiencia de esta pérdida está influenciada por las variables anteriormente señaladas. Generalmente son muertes súbitas y prematuras (principalmente por accidentes), lo que aumenta el cuestionamiento de las competencias como padres, quienes deben velar por la protección de los hijos, y conlleva múltiples sentimientos de culpa.

Los amigos y la familia no saben cómo responder y apoyar, lo que es más claro cuanto más lejos en el tiempo se está de la pérdida. Así, comentan “deberían superar la pérdida. El niño murió hace ya bastante tiempo”.

Cada padre vive la pérdida de manera diferente debido a que tenían relaciones distintas con su hijo o a sus estilos particulares de afrontamiento. Esto puede ocasionar tensión en la relación marital y a su vez, tensiones y alianzas entre los miembros de la familia.

Cuando los padres están divorciados la situación es aún más compleja. Aquí, se pueden evocar fuertes emociones y comportamientos extremos (desde empatía y cuidado hasta lucha por el poder y control) durante la reunión. Pero es imposible conseguir el control que desean: recuperar la vida el hijo.

Se deben trabajar diferentes tareas de duelo. Para muchos padres la pérdida implica una lucha entre la creencia y la no creencia. Saben que el hijo murió, pero a la vez no quieren creerlo. Aquí se ve por ej cuando mantiene sus habitaciones intactas por años después de la muerte.

También están presentes sentimientos como la rabia y culpa hacia uno mismo y hacia los demás. Aquí es recomendable hablar al respecto y proveer instancias para que los padres hablen de su duelo (contrario que lo que normalmente se cree)

Hijos cuyos padres mueren
Cuando se produce en la infancia o adolescencia el hijo puede no elaborar el duelo adecuadamente, presentando más adelante depresión o incapacidad de establecer relaciones íntimas en su vida adulta. En estos casos se trabaja la reactivación del duelo con lo que mejoran los síntomas.

Existe controversia respecto de si los niños son o no capaces de elaborar un duelo. Martha Wolfestein señala que no, que es necesaria la formación de la identidad para esto, lo que se produce al final de la adolescencia. Erna Furman y Cols, señalan que si es posible a partir de los 3 años, cuando se adquiere la constancia objetal. Bowlby lo sitúa a los 6 meses. Esta controversia gira en torno a la definición de elaboración de duelo. Si esta implica desvincularse del objeto de apego y reconocerse a sí mismo como entidad separada, los niños no podrían, debido a su falta de contrastación con la realidad, constancia de objeto y a sus mecanismos de afrontamiento regresivos para afrontar la pérdida, encontrando rápidamente objetos sustitutos.

Existe una 3ª posición: los niños elaboran un duelo y lo que se necesita es encontrar un modelo de duelo que encaje con ellos en vez de imponer un modelo adulto. La base sería el desarrollo cognitivo, la capacidad de entender la muerte, lo que supone el tiempo, el sentido de para siempre; la transformación; la irreversibilidad; la causalidad y la operación concreta. Piaget señala que estas se obtienen sólo después de los 7-8 años. Antes de los 2 años, el niño no entiende que un objeto físico existe independiente de su percepción y manipulación. Entre los 2 y 5 años se alcanza la constancia de objeto y el niño capta mejor, pero de manera incompleta, la muerte. A esta edad incluso reflejan más los estados emocionales adultos después de la pérdida, pero pueden hacerlo como si ellos fueran los responsables. También muestran fuerte tendencia a idealizar al adulto perdido. Entre los 5 y 7 hay una mejor comprensión cognitiva, pero aún faltan aspectos del ego para afrontar la intensidad de los sentimientos. De los 7 a la adolescencia, hay comprensión más clara y mejores habilidades de afrontamiento.

La pérdida se experimenta y expresa de maneras diferentes de acuerdo a la fase evolutiva.
Es importante considerar los siguientes puntos cuando se trata c/ niños que han perdido a sus padres:

- Los niños elaboran el duelo, pero cómo lo hacen depende de su desarrollo cognitivo y emocional.
- La pérdida es un trauma, pero no necesariamente lleva a 1 detención en el desarrollo.
- Entre los 5 y 7 años son más vulnerables debido a que hay cierto desarrollo cognitivo que permite entender algunas ramificaciones de la muerte, pero la capacidad de afrontamiento es muy pequeña, sus habilidades sociales y personales no les permiten defenderse.
- El trabajo de duelo puede no acabar de la misma manera que en un adulto. El duelo se puede revivir en muchos momentos de la vida adulta por acontecimientos importantes.
- Es importante desarrollar enfoques preventivos para estos niños. Se aplican las mismas tareas que para los adultos, pero se modifican de acuerdo a su desarrollo cognitivo, personal, social y emocional.

En próximos artículos hablaremos de Enfoques de Intervención en el duelo y las sus etapas. Aprovechamos la oportunidad para invitarlos a visitar vision psicológica eventos. donde encontrarán cursos, talleres, congresos, diplomados, etc del año 2009. Nos despedimos hasta otra oportunidad VISIÓN PSICOLÓGICA

4 comentarios:

Anónimo dijo...

ME HIZO VER OTRO ASPECTO DE LA FAMILIA QUE SE TIENE QUE TRATAR SON FALICITADOR EN LA IGLESIA CATOLICA

Anónimo dijo...

exelente infomacion

Florencia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Cuando un ser querido muere, el impacto que esta pérdida produce en la familia es muy grande. Muchos roles se redefinen y la estructura de prioridades se reordena bajo nuevos parámetros. Gracias por compartir esta completa información.