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jueves, 26 de marzo de 2009

Cuando el Matrimonio o la Convivencia Acaba

Ps. Manuel Saravia Oliver
Director del instituto Gestalt de Lima

Hace poco estuvimos leyendo un artículo del psicólogo Manuel Saravia que queríamos compartir con Uds.

En toda relación humana con el transcurso del tiempo inevitablemente se van a dar juegos de poder y más aun si se trata de una pareja. Estos juegos podrían desencadenar una crisis. Esta puede generar un cambio, una re-estructuración, un re-encuadre que lleve a un nuevo equilibro. Pero también puede suceder que las cosas una vez que se hayan calmado se vuelva a la situación anterior. Otro escenario es que la situación sea tan fuerte que desencadene en la ruptura.

Cuando una relación matrimonial o de convivencia llega a su fin y la pareja se separa se produce un duelo al margen de las luchas económicas y legales que se presentan y que impiden una despedida sana. Queda entonces una larga lista de resentimientos que aumenta la sensación de pérdida y soledad.

La separación o el proceso mismo de divorcio es una crisis emocional que en muchos casos no se acepta desde el principio pero que luego al ser conscientes de ella se va sobrellevando en el intento de equilibrar la vida. Así cada persona busca la forma de afrontarlo en un proceso continuo de autodescubrimiento.

La separación o el proceso mismo de divorcio es una crisis emocional que en muchos casos no se acepta desde el principio pero que luego al ser conscientes de ella se va sobrellevando en el intento de equilibrar la vida. Así cada persona busca la forma de afrontarlo en un proceso continuo de autodescubrimiento.

Pero son muchos los momentos vividos juntos (amor, odio, sexo, etc.) y el recuerdo de todos estos no pueden terminar al romperse la relación.

El duelo como proceso necesita avanzar y para esto se requiere “darse cuenta” que la relación ya se murió. Se debe aceptar el enojo que se produce y permitirle fluir hasta descubrir que detrás del mismo se esconde el dolor de la pérdida. Así se empezará el proceso de recuperación.

Será indispensable perdonarse a sí mismo y reconciliarse con el pasado aceptando aquellas conductas destructivas que se manejan en la relación, asumir su responsabilidad y estar dispuestos a modificarlas.

La “despedida” o “desprendimiento” como proceso debe terminarse o cerrarse bien antes de iniciar una nueva relación, pues las conductas por sí mismas son repetitivas y entonces se podría repetir el problema una y otra vez. De ahí que muchas personas se preguntan: ¿por qué siempre elijo las mismas personas? ¿Por qué me pasa siempre esto a mí?

Por eso el período posterior a la separación, una vez empezado el proceso antes mencionado debe tomarse como una oportunidad de resolver todas las necesidades (gestales) postergadas para que no sean impedimentos para una futura relación.

Recapitulando lo dicho, el proceso de duelo cumple normalmente ciertas etapas:
· Negación
· Enojo
· Culpa introyectada o proyectada
· Perdón y olvido del pasado
· Aceptación del aquí y ahora, y
· Desapego

Es frecuente que estas etapas suelan darse entremezcladas y en diferente intensidad pues dependerán de la historia previa de cada quien como de la energía que trajo consigo para la separación en sí.

El hecho que marca o hace darse cuenta de que se ha superado el proceso de duelo es la sensación de independencia y decisión de seguir adelante sin resentimiento. Queda atrás la autocompasión y se acepta la separación o el divorcio como una solución y no como un castigo.

Así una persona para ser lo que realmente es: necesita vivir su presente superando aquello que ha vivido y ya no existe, siendo flexible ante su realidad actual y permitiéndose experimentar sus emociones. Entenderá que las personas son más importantes que los bienes materiales. Apreciará a la gente por lo que es y no desde un ideal prefabricado que difícilmente coincidirá con el ser humano real que se conoce. Se conocerá y desarrollará tanto en lo intelectual como en lo físico y emocional

Así también podrá reconocer que vivir solo no implica ser solitario. Será una forma de verse a sí mismo con autoconfianza e independencia, por lo que se irá disipando la soledad y el miedo a enfrentarse solos a la vida, y comenzar a responsabilizarse nuevamente por sí mismos, satisfaciendo sus necesidades. Se genera así la autoafirmación.

Como dice el Dr. Héctor Salama, “debemos aprender a despedirnos para poder encontrarnos”.
Dependiendo del tipo de relación, del tiempo, de la profundidad del vínculo y del tipo de personalidad de cada uno de los miembros, una de las sugerencias que se plantean es vivir el periodo de duelo (llamado también periodo de desintoxicación emocional o periodo de romance con uno mismo), como un tiempo de reflexión, aprendizaje y de autoevaluación, en donde conviene llenar los horarios que compartían en pareja retomando actividades de las que antes de la relación se disfrutaba, incluso de algunas amistades que tomaron distancia como consecuencia de la relación.

Es importante encontrar una actividad estimulante que renueve, que invite a renunciar a viejas creencias que perdieron vigencia en la situación actual. Tomar conciencia de los juegos de víctima y tomar las riendas de conductas y asumir sus consecuencias.

Recordar que vivir del pasado no conlleva a ningún futuro, por lo que orienta a vivir el aquí-ahora con responsabilidad tomando conciencia de que nadie tuvo la culpa y cada quien asumirá el grado de responsabilidad que le toca.

Dependiendo de la historia de vida de cada uno de los integrantes, muchos de los “introyectos” o “deberías” harán que algunas de las personas renuncien a la vida de pareja para ser solo padres o madres, sobre todo en los primeros meses, mientras que otros utilizarán la deflexión como un mecanismo para evadir el dolor, la que se manifestará de varias formas (abuso de alcohol o drogas, somníferos y ansiolíticos o episodios de hipomanía acompañados de promiscuidad sexual) en una búsqueda constante de evitar el dolor. En otros casos, la dependencia hacia las figuras parentales regresionará a las personas volviendo a estar bajo la tutela paterna a pesar de ser autónomas económicamente y con hijos.

En otros casos se instalará una nueva creencia: “no creo en el amor”, “todos son iguales”, etc. Habrá personas que harán confluencia con otras personas inevitablemente para aminorar el sentimiento de soledad. Esta relación de dependencia será un paliativo por algún tiempo. Mientras también habrá quienes culpen a la suerte, a la vida, a sus padres proyectando toda su inmadurez y patología al medio ambiente y harán a una nueva pareja lo que no fueron capaces de hacerle a la suya en su momento, aún cuando no se les dé motivo.

En fin, son un sinnúmero de escenarios que se pueden presentar alrededor de una ruptura, lo importante es poder cerrar las situaciones inconclusas con perdón y gratitud, aprender de la experiencia y asumir responsabilidades. En resumen, es crecer reconociendo lo positivo de la relación que se va.

Informativo colegio de psicólogos del Perú 2009

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