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lunes, 13 de abril de 2009

La Terapia Implosiva (Inundación)

UNA TÉCNICA CONDUCTUAL PARA LA EXTINCION DE LA RE ACTIVACION DE LA MEMORIA
La teoría y la terapia implosiva representan un enfoque conductual para el tratamiento psicopatológico, básicamente una técnica de modificación de la conducta. Donde el terapeuta somete al sujeto directamente al estímulo condicionado que produce respuestas muy fuertes desarrolladas para reducir o evitar estímulos históricamente condicionados, un ejemplo de ello seria la ansiedad (es decir, le presenta la situación ansiógena) para que lo afronte sin posible escape; el terapeuta debe preparar la situación terapéutica para que no aparezca el reforzamiento primario o las consecuencias aversivas acompañando al estímulo condicionado; normalmente esto lo hace enseñándole antes al sujeto alguna técnica de relajación para que cuando se le presente el estímulo ansiógeno fuerte el sujeto pueda responder con una reacción de relajación. De este modo se conseguirá la extinción de la respuesta condicionada de ansiedad.
La TI se basa en el principio de extinción experimental directa, la presentación del estimulo condicionado en ausencia del estimulo incondicionado.

El método de la TI como ya había mencionado implica tanto una presentación en vivo de los estímulos temidos, siempre que sea posible, como empleo de una técnica que utiliza la imaginación presentada por el terapeuta. La tarea del terapeuta consiste en provocar tanta respuesta emocional al complejo EC como sea posible. Cuanto mayor sea la respuesta del paciente, mas rápidamente tendrá lugar el desaprendizaje emocional, llevando a una rápida reducción de la conducta sintomática, observándose cambios significativos en un periodo aproximado de veinte sesiones de terapia.

Esta técnica se ha utilizado satisfactoriamente con un amplio rango de conductas neuróticas y psicóticas, conductas fóbicas, conductas obsesivas-compulsivas, depresión, ansiedad, histeria, conductas hipocondriacas, psicopatías, alucinaciones y delirios entre otras clases de conductas.

Por otra parte se planteó que esta técnica podría ser dañina para los pacientes, dado que esta técnica constituye un enfoque de la exposición directa al EC. Según la teoría Freudiana que un paciente con baja fuerza del yo (pacientes limítrofes) pueden “explotar” o volverse psicóticos cuando se le exponen a potentes estímulos emocionales o estresantes, la segunda preocupación resulta de la ansiedad y temores propios del terapeuta al provocar fuertes respuestas emocionales.

Entonces los términos “implosión” e “inundación” se emplean a menudo indistintamente. Ambos términos se refieren al intento del terapeuta de exponer repetida y continuamente al paciente a los estímulos de temor evitados, con el fin de maximizar el nivel de la respuesta emocional y el subsiguiente efecto de extinción.

¿Pero como se adquiere la psicopatología? Se supone que esta es resultado de experiencias específicas pasadas de castigo y dolor, lo que confiere fuertes reacciones emocionales, de esto modo aparecen las maniobras cognitivas defensivas, como la negación, represión, disociación, racionalización, proyección, etc. Que se utilizan como modo de evitación.

Entonces para lograr el desaprendizaje y tratar estos temores, los terapeutas que emplean el TI, utilizan un enfoque de exposición en vivo y/o presentando el estímulo temido por medio de alguna técnica de extinción que utiliza la imaginación. Es decir se basa en el principio de la extinción directa. Básicamente la tarea del terapeuta consistiría en extinguir los complejos condicionados del EC aversivo que proporcionan la estimulación para la ocurrencia y mantenimiento de los síntomas.

El empleo de la imaginación es especialmente necesario para la presentación de aquellos estímulos internos asociados con la presentación neutral de sucesos condicionados pasados específicos que implican dolor y castigo. Entonces el terapeuta por medio de instrucciones verbales para que intente imaginárselas, se describe al paciente escenas que incorporan varios estímulos (visuales, auditivos, táctiles) que, hipotéticamente se encuentran ligados a los sucesos condicionados originales. Para ello es importante para el terapeuta determinar que estímulos aversivos están provocando la conducta sintomática del paciente. Por ello la evaluación representa un importante ingrediente para emplear la técnica satisfactoriamente.

La recogida de información es una herramienta muy útil para cualquier estrategia de tratamiento conductual, a través de una cuidadosa y sistemática entrevista en profundidad, el clínico puede obtener información suficiente para la clasificación de los estímulos de evitación relevantes.

La segunda parte es el plan de tratamiento, el terapeuta debe integrar las hipótesis que se han desarrollado a lo largo del curso de las sesiones iníciales de valuación, después de la terminación de ese proceso, el terapeuta ya debe tener conocimiento de cual es el problema, que reacciones causa el paciente, en que situaciones ocurre normalmente estas respuestas, cual es el responsable de su mantenimiento, etc.

Una vez ya completadas las sesiones iníciales de evaluación, el terapeuta deberá informar de los resultados obtenidos al paciente y discutir las sugerencias de tratamiento.

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