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domingo, 19 de abril de 2009

Psicoanálisis y el Desarrollo Psiquico Infantil

DESARROLLO PSÍQUICO INFANTIL
El niño es un ser en evolución permanente, con grandes cambios que se operan en tiempos cortos. El desarrollo afectivo se realiza en la interrelación del niño con su ambiente, especialmente el humano (desde la vida intrauterina está unido íntimamente con la madre, con la que intercambia elementos vitales). Poco a poco se estructuran, se incorporan y hacen propios, emociones y sentimientos. Puede existir daño por carencia o por exceso.

El desarrollo infantil ha sido objeto de diversos estudios con variada orientación y según la doctrina psicológica de cada autor. Intentaremos un esquema descriptivo en concordancia con las escuelas de psicología más conocidas: la de J. Piaget, H. Wallon y la psicoanalítica de S. Freud.

1. ESTADIOS DEL DESARROLLO SEGÚN J. PIAGET.
Su enfoque se centra en el estudio de la operación intelectual (estructura cognoscitiva). No guarda orden cronológico sino secuencial.
1.1. Primer Período, de 0 a 24 meses. Inteligencia sensorio-motriz, anterior al lenguaje y al pensamiento.
1.2. Período preoperatorio, de 2 a 7 años. Con el lenguaje, el desarrollo se acelera. Aparecen los actos simbólicos y se inicia el pensamiento intuitivo.
1.3. Período de las operaciones concretas, de 7 a 11 años. Socialización y objetivación del pensamiento, operaciones simples.
1.4. Período de las operaciones formales, Adolescencia. Aparición del Pensamiento formal con coordinación de operaciones lógicas hipotético-deductivas.

2. ESTADIOS DEL DESARROLLO SEGÚN H. WALLON
Este autor orienta sus estudios al proceso de socialización:

2.1. Primer estadio. Impulsivo puro, de 0 a 6 meses. De actividad motora refleja, conducta refleja ante los diferentes estímulos.
2.2. Segundo estadio. Emocional, de 6 a 12 meses. Aparece la simbiosis afectiva, hay necesidad de afecto, de compartir emociones.
2.3. Tercer estadio. Sensorio motor, de 1 a 2 años. Hay orientación hacia los objetos. La marcha y el lenguaje contribuyen al desarrollo.
2.4. Cuarto estadio. Proyectivo, de 2 a 3 años. La acción estimuladora lleva al niño a la necesidad de proyectarse a las cosas para percibirse a sí mismo.
2.5. Quinto estadio. Personalismo, de 3 a 11 ó 12 años. Se llega a la conciencia del Yo. Con la escolaridad entra en la fase de personalidad polivalente.
2.6. Valor funcional de la adolescencia. Donde prima la afectividad y hay acceso a los valores sociales.

3. ESTADIOS DEL DESARROLLO LIBIDINAL SEGÚN EL PSICOANÁLISIS DE S. FREUD
El psicoanálisis valora el funcionamiento psíquico, da importancia al inconsciente y a los impulsos sexuales en forma dinámica. Distingue los siguientes estadios o fases:

3.1. Fase oral, de 0 a 2 años. El niño obtiene placer a través de la excitación bucal, succionando primero y mordiendo después.
3.2. Fase sádico-anal, de 2 a 3 años. La organización de la libido va unida a la retención y evacuación de orina y heces, y a la destrucción de objetos ambivalencia.
3.3. Fase fálica, de 3 a 5 años. Las zonas erógenas son los organos genitales. La tensión se descarga por la masturbación. En esta fase se desarrolla el Complejo de Edipo, deseos amorosos y hostiles del niño hacia el padre del sexo opuesto y del mismo sexo respectivamente.
3.4. Fase de latencia, con disminución de la intensidad de los impulsos, permitiendo el paso a otros intereses (culturales).
3.5. Fase genital. El impulso sexual se centra en la zona genital. Reaparecen las tendencias desplazadas, el joven trata de desligarse de los padres convirtiéndose gradualmente en adulto.

4. Integración de los tres enfoques
Partiendo de un punto común, el estudio ontogenético de la personalidad, la integración de los tres enfoques organiza la observación clínica y permite observar los siguientes pasos evolutivos distribuidos en el ciclo vital:

En el niño de 0 a 12 meses, la afectividad consiste en reacciones emocionales como respuesta de un psiquismo de control precario. El bebé reacciona con ansiedad cuando el medio lo frustra. Las emociones de risa, satisfacción, distensión, son indicadores de seguridad, como la primera sonrisa ante la madre al 3° mes. La angustia al 8º mes, ante el extraño, es señal de inseguridad.

Durante el primer año, las reacciones emocionales están ligadas a la presencia de la madre.
Entre el primer y tercer año se adquieren el lenguaje y la marcha, que lo llevan a explorar el mundo; las respuestas emocionales se tornan más adaptadas y variadas. Se hacen adquisiciones psicomotoras y se estructuran lazos afectivos. El niño tiende a independizarse. También en este período ocurre el aprendizaje del control esfinteriano. La conducta del niño dependerá en gran parte de la actitud de los adultos. El Yo va configurándose dentro de un mundo del cual el niño forma parte.

Entre los 3 y 6 años, período pre-escolar, la relación se establece entre varias personas: madre-padre-hermanos-otros. El niño va accediendo a su propia identidad, toma conciencia de las diferencias sexuales anatómicas y se inicia la sociabilidad.

Alrededor de los 7 años se logra la lateralización definitiva de ojo, mano y pie dominantes. El niño puede ser diestro, zurdo o ambidiestro, con lateralización total o cruzada. La relación con otros niños, inicialmente de rivalidad, se dirige progresivamente hacia el compañerismo y la participación.

Entre los 6 a 11 años, el niño se orienta hacia el mundo que lo rodea (extrafamiliar), se acelera el desarrollo de la socialización y la disciplina. Es la etapa escolar que favorece la influencia cultural, facilitada por la acción pedagógica y los contactos sociales. El pensamiento va tornándose más lógico y racional.

De los 11 a los 13 años, período puberal, con cambios psicofísicos notables, el carácter va estructurándose, adaptándose el comportamiento a la realidad. Empieza el control del mundo interior.

Hacia el 14º año comienza la adolescencia. Los desarrollos físico, psicomotor, intelectual y afectivo, cursan paralelamente. Las observaciones de la evolución somática y psicomotora son tan importantes que, particularmente al principio de la vida, pueden tener valor pronóstico y diagnóstico.

La adolescencia, es la etapa final de la edad evolutiva, considerando como tal el lapso comprendido entre el nacimiento y la adquisición de la estabilidad somática y psicológica propio del adulto. Dos procesos ocurren en ella, el crecimiento de la masa corporal con la configuración sexual definitiva, y el desarrollo de la personalidad; en ambos intervienen factores endógenos, genéticos y fisiológicos, así como exógenos, provenientes de la familia, el medio y la cultura.

La antropología nos dice que las culturas primitivas carecen de adolescentes, pues cuando el individuo alcanza cierta edad, pasa a integrar el grupo de adultos. Muchos jóvenes, sobre todo de países subdesarrollados y del estrato socioeconómico inferior, deben afrontar, desde la adolescencia, responsabilidades de adulto, bien sea por la ausencia de éstos en el hogar o por precariedad de recursos, enfrentando un mundo agresivo y alienante y sin los elementos básicos formativos.

En la adolescencia se distinguen teóricamente tres períodos: la adolescencia temprana, que comprende
el promedio de 10 a 15 años; la adolescencia intermedia, de los 13 a los 18 años; y la adolescencia avanzada, de los 16 a los 21 años; siendo siempre más precoz en la mujer. Cada uno de estos períodos tiene expresividades propias en las áreas del pensamiento, sexualidad, socialización, esquema corporal y conducta.

La adolescencia sigue siendo un tema de palpitante actualidad, pues ella es, si cabe el término, un producto cultural, integrado por una constante psicodinámica universal y con variables de dimensiones ecológicas e históricas. Todo se inicia en la pubertad con una verdadera crisis fisiológica. En esta etapa se desencadenan los conflictos y los desajustes de conducta. El adolescente comienza a experimentar sus necesidades propias, a sentirse dueño de sus derechos (situación lógica en un ser que completa su evolución para adquirir un estado definitivo); nacen las amistades, la integración con grupos afines (afinidad muchas veces imaginada por la necesidad de conseguir apoyo para afirmar la propia personalidad); descubre la naturaleza, la cultura, la sociedad, el sexo y el amor. Su curiosidad infinita y su instinto exploratorio lo arrastra a todos los campos del conocimiento. De la calidad y cantidad de sus contactos dependerá su personalidad adulta.

Normalmente, en el adolescente encontramos: la búsqueda de sí mismo y de su identidad, su tendencia

a agruparse, la necesidad de intelectualizar y fantasear, la crisis religiosa, vocacional y existencial, su desubicación temporal, su evolución sexual, su actividad social reivindicatoria, las contradicciones sucesivas en todas las manifestaciones de su conducta, la separación progresiva de sus progenitores y las constantes fluctuaciones de su afectividad.

EXPLORACIÓN DEL PSIQUISMO
Debe realizarse por medio de la entrevista, en primer lugar con los padres, luego con el niño. Cuando se trata de adolescentes puede prescindirse de la información paterna (no siempre) con el propósito de obtener la información pertinente. La entrevista implica la observación directa durante períodos variables.

Debe evaluarse: las conductas problema (quejas), el desarrollo global, la historia familiar, tanto en su organización y dinámica como en sus indicadores de patología; y, especialmente, lo que significa la conducta del niño para los padres. Al niño debe explorársele aparte, tratando de romper las barreras de la inhibición. Una buena técnica es a través del juego y del dibujo libre, para después llegar al diálogo directo cuando el lenguaje del niño lo permita. Si el problema tiene relación con la vida escolar, debe establecerse comunicación con los profesores; cuando tenga relación con la salud física, la comunicación se hará con el pediatra. Todo esto con el conocimiento y consentimiento de los padres. Se tendrá siempre en cuenta el secreto profesional. Aislamiento, silencio, no interrupción, deben ser normas a cumplir estrictamente en la consulta paido-psiquiátrica.

Bibliografía
. AJURIAGUERRA, J. de; y, MARCELLI D. Manual de Psicopatología del niño. Edit. Toray, 1982.
RUTTER, M. Developmental Psychiatry. Washington American Psychiatric Press Inc. 1987.
. PERALES, A. & SOGI, C., Conductas Violentas en Adolescentes. Serie Monografía de Investigación Nº 2.Lima, Instituto Nacional de Salud Mental "Honorio Delgado - Hideyo Noguchi", Lima. 1995.

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