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domingo, 27 de julio de 2008

Didier Anzieu: El “yo – piel”

En 1974 el Dr. Didier Anzieu —vicepresidente de la Asociación Psicoanalítica de Francia— publica un artículo titulado El yo-piel que produce un gran impacto en el mundo de la clínica y la investigación.

El texto de Anzieu fue posteriormente desarrollado y completado en un libro, que se editó en castellano en 1987, con el mismo nombre que su artículo. Es un libro de los que podrían llamarse “difíciles”. Pero vale la pena el esfuerzo. Durante un par de meses anduve deambulando con marchas y contramarchas sus densas 250 páginas y siempre pude descubrir tesoros que me quedaron ocultos en la primera lectura de algún párrafo e incluso, en la segunda. Es una de esas obras para las vacaciones, o los trasnoches de silencio y concentración...

El núcleo de la teoría propuesta es que la piel es la envoltura del cuerpo, de la misma forma que la conciencia envuelve al aparato psíquico. Algo así como que el yo es a la estructura psíquica lo que la piel es al organismo biológico. O mejor: la estructura y funciones de la piel y la estructura y funciones del yo presentan entre sí analogías que pueden ser muy fecundas, tanto para el trabajo de los psicoterapeutas — tal la idea de Anzieu— como para el de los trabajadores corporales —sugerencia que sumamos desde este enfoque.

Anzieu señala que su fundamentación teórica se basa en dos principios generales. Uno específicamente freudiano: toda función psíquica se desarrolla apoyándose en una función corporal cuyo funcionamiento transpone al plano mental. El segundo principio, aunque conocido por Freud, proviene de Hughlings Jackson: a lo largo de la evolución de las especies el sistema nervioso conserva e integra los modos de reacción correspondientes a etapas evolutivas anteriores, pero el órgano más reciente y más cercano a la superficie - la corteza cerebral, en el hombre- tiende a tomar la conducción de todo el sistema.

Desde los mamíferos hasta el hombre -dice Anzieu- el cerebro aumenta de tamaño y se hace más complejo. Por su parte, la piel pierde la dureza y los pelos de sus antecesores. Los pelos subsisten apenas sólo en el cráneo, aumentando su papel protector del cerebro, y alrededor de los orificios corporales de la cara y la pelvis, donde refuerzan la sensibilidad e incluso la sensualidad. La pulsión de o de cualquier pequeño a su madre es más difícil de satisfacer en la especie humana y se manifiesta en las angustias precoces intensas y prolongadas de pérdida de la protección, falta de soporte y un desamparo "originario".

Anzieu puntualiza nueve funciones de la piel y sus analogías con el Yo-piel, señalando que no sigue un orden ni un principio de clasificación rigurosos. Y que tampoco pretende ser exhaustivo en su inventario: quiere dejarlo explícitamente abierto.

1) Así como la piel cumple una función de sostén del esqueleto y de los músculos, el Yo-piel sostiene al psiquismo. Y lo sostiene por una interiorización de lo que Winnicott llamó holding; es decir, la forma en que la madre sostiene el cuerpo del bebé. El apoyo externo sobre el cuerpo materno conduce al bebé a adquirir el apoyo interno sobre su columna vertebral, a encontrar su propio centro de gravedad a partir de la seguridad de tener en su cuerpo zonas de contacto estrecho y estable con la piel, los músculos y las palmas de las manos de la madre. Esto confiere al bebé una sensación de unidad y solidez que lo capacitará para acceder a la posición de sentado, después a la de pie y finalmente a la marcha.

2) Otra función de la piel es la de continente: de todo el cuerpo, los órganos, los sentidos... Del mismo modo el Yo-piel contiene a todo el aparato psíquico. Esta función se ejerce principalmente por el handling materno, la forma en que la madre contiene el cuerpo del bebé. Las pulsiones, lo instintivo, el Ello, serán una fuerza motriz si encuentran límites específicos dentro de los cuales desplegarse. Esta complementariedad entre envoltura y núcleo es fundamento de la percepción del sí mismo como unidad.

3) La capa superficial de la epidermis cumple una función de protección de la capa sensible en la que se encuentran las terminaciones nerviosas. El déficit o exceso de esa función en el Yo llevaría a alteraciones como una angustia paranoide de persecución (me leen los pensamientos, o me infunden pensamientos ajenos); o a un yo-crustáceo, con una caparazón rígida, impenetrable. La falta de la función de protección en la piel, puede ser compensada por una protección desde el músculo: en forma de corazas caracterológicas que menciona Wilhelm Reich.

4) La piel funciona como límite de la individualidad. Por ejemplo: impide la entrada de cuerpos extraños, y permite el paso de ciertas sustancias complementarias o asimilables. Diferencia a unos individuos de otros por su color, textura, olor... Del mismo modo el Yo asegura una función de individuación del Sí-mismo que le otorga el sentimiento de ser un ser único y capacitado para establecer o interrumpir determinados contactos e intercambios. Freud describe la angustia como una "inquietante extrañeza" por la amenaza de percibir el debilitamiento de las fronteras del Sí-mismo.

5) En la piel se alojan, además, los órganos de los otros sentidos (originados como ella y todo el sistema nervioso central en el ectodermo del embrión. Esto le da una función de intersensorialidad: envoltura táctil en la que parecen registrarse otras sensaciones, de distintas naturalezas, que se integran definitivamente en el encéfalo. En la realidad psíquica, esta función de intersensorialidad del Yo-piel permite un registro de diversas informaciones que al relacionarse entre sí dan sensación de coherencia. Si esto se debilita, ocasiona una angustia de fraccionamiento, de funcionamiento anárquico, como si los diversos registros fueran independientes.

6) La alimentación del bebé, la higiene, los cuidados y caricias acompañados de contactos, generalmente agradables, que preparan al autoerotismo y se sitúan como telón de fondo para la sexualidad, otorgan a la piel una función de fuente de placer. El Yo-piel es objeto de una fuerte carga libidinal, cumple la función de superficie de la excitación sexual; superficie en la que se pueden localizar zonas erógenas, reconocer la diferencia de sexos y su complementariedad.

Anzieu señala que a falta de una descarga satisfactoria esta envoltura erógena puede transformarse en envoltura de angustia. El individuo convertido en adulto puede no sentirse con la seguridad suficiente como para comprometerse en una relación sexual completa. Si los orificios sexuales no han sido lugar de experiencias erógenas placenteras puede reforzarse la representación de un Yo-piel agujereado; derivar en patologías que privilegian el dolor como fuente de placer.

7) La piel es superficie de estímulo del tono sensomotor. El Yo-piel, por su parte; mantiene la tensión energética interna. Las fallas de esta función producen dos tipos antagónicos de angustia. El temor a la explosión del aparato psíquico por sobrecarga de excitación (Ej.: crisis epiléptica). o la angustia de Nirvana, por la posible realización del deseo de una reducción de la tensión a cero.

8) La piel, a través de sus terminaciones nerviosas, proporciona información directa acerca del mundo exterior. El Yo-piel realiza la función de inscripción de huellas sensoriales táctiles. Función reforzada por el entorno materno. Además, con un apoyo biológico: un primer dibujo de la realidad que nos rodea se imprime en nuestra piel. Y con un apoyo social: la pertenencia de un individuo a un grupo social está marcada por peinados, maquillajes, tatuajes, pinturas y por sus "dobles", que son los vestidos.

9) En este punto Anzieu señala: todas las funciones precedentes están al servicio de la pulsión de apego. Y se pregunta: ¿no podría existir una función negativa, una especie de antifunción, al servicio de Thanatos, que tendiera a la autodestrucción de la piel y del Yo? Responde: los progresos de la inmunología han descubierto los fenómenos autoinmunes, en los que el organismo vivo vuelve contra sí mismo su capacidad de rechazar lo extraño.

La medicina psicosomática ha descubierto una inversión de las señales de seguridad y de peligro en tales casos, especialmente en las alergias, asma, eczemas: la familiaridad, en lugar de ser protectora y tranquilizante se rechaza como mala. En la psicosis, especialmente en la esquizofrenia, la paradoja de la alergia es llevada al máximo. La confianza en el funcionamiento natural del organismo esta destruida o no ha sido adquirida: lo que es bueno en la vida se percibe como peligro mortal, se confunde sueño y vigilia, realidad e irrealidad, animado e inanimado, predomina la pulsión de autodestrucción. La piel imaginaria con la que el Yo se recubre se convierte en una túnica envenenada, ahogante, abrasadora. Se podría hablar en esos casos, de una función tóxica del Yo- piel.

Para cerrar este artículo Anzieu señala que en otras funciones de la piel, también se podrían encontrar correspondencias con otras funciones del Yo.-Almacenamiento (la piel almacena grasas; el Yo, memoria).

-Producción (la piel produce pelos, uñas; el Yo mecanismos de defensa)
-Emisión (la piel emite sudor, feromonas; el Yo, realiza proyecciones)

BIBLIOGRAFIA
Anzieu, D. (1974) yo-piel; ED. Biblioteca Nueva; Madrid.
Anzieu, D. (1978) El Grupo y el Inconsciente; ED. Biblioteca Nueva; Madrid.

1 comentario:

Zoila Beatriz Ortiz Becerra dijo...

Saludos y felicitaciones por este excelente blog. Encuentro muy valioso el ejercicio de síntesis de Anzieu, de hecho, creo que esta visión es muy interesante y permite comprender aspectos de lo humano, en los que se recrea ese caracter particular de su existencia: que trasciende lo biológico para formarse con, por y para lo humano.

He iniciado un blog que quizá te interese mirar, se llama psicoanálisis hoy y la dirección es: http://freudhoy.blogspot.com/
Saludos